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Economía y cambio climático (II/II)

Carlos Alberto Jiménez Bandala*

Para resumir lo que vimos la semana pasada: 1. Donald Trump y Estados Unidos abandonaron el Acuerdo de París contra el cambio climático porque para él y los científicos negacionistas el cambio climático no existe o, en su caso, es resultado de procesos naturales. 2. La mayoría de la comunidad científica mundial consideramos que el cambio climático sí existe y es originado por la actividad económica del ser humano, es decir, es antropogénico. 3. Algunos científicos consideran que si bien la contaminación es resultado del crecimiento económico, llega un momento en que el crecimiento incide en la reducción de contaminación (Curva de Kuznets) por tanto prefieren no hacer nada y esperar ese momento. 4. Algunos otros científicos consideramos que no podemos esperar ese momento, pues desconocemos un nivel de umbral donde el proceso de contaminación sea irreversible. (Puede consultar la columna de la semana pasada).

 

Estados Unidos salió del Acuerdo porque irremediablemente hubiera estado obligado a disminuir su emisión de contaminantes, esto significaría para las grandes empresas erogaciones millonarias para adquirir tecnologías verdes o una reducción en su actividad industrial; incluso para los consumidores norteamericanos mayores impuestos a la gasolina. Pero si los países más industrializados no quieren frenar su ritmo de crecimiento, ¿quiénes lo harán? La respuesta es obvia, quieren que lo hagamos los países pobres.

 

Los países pobres, como México y América Latina resienten en mayor medida el cambio climático, tenemos menos resiliencia, es decir somos menos resistentes. Después de una inundación, la infraestructura carretera se recupera más rápidamente en Florida que en Tabasco; las fuertes lluvias o prolongadas sequías se soportan mejor si los campesinos tienen herramientas tecnológicas: riego automatizado, semillas y fertilizantes, que sí están esperando la lluvia de temporal y no tienen los apoyos para comprar semillas mejoradas.

 

Entonces, el cambio climático vuelve a ensanchar las brechas entre países ricos y pobres. Afecta más a los países pobres, pero las acciones para frenarlo afectarán aún más a los pobres. Si los países ricos pretenden que seamos los pobres los que frenemos el crecimiento económico para frenar el deterioro ambiental, los efectos sobre nuestras tasas de crecimiento, pobreza y miseria serán desastrosos.

 

¿Pero entonces cuál debe ser la medida?

 

Algo queda claro, los países del mundo no podemos asumir los mismos compromisos por igual, éstos deben estar en función de las diferencias entre las economías pobres y ricas. Un estudio reciente de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) coordinado por Miguel Alejandro Galindo mostró que en los países más ricos hay una alta elasticidad-precio en el mercado de las gasolinas, mientras que en los pobres es inelástica (Figura 1).

 

Cuando un producto tiene una alta elasticidad-precio los cambios en el nivel de precios cambian en mayor proporción la cantidad de consumo. En la figura 1 (izquierda) se muestra que un aumento de 1 dólar a 2 dólares, puede disminuir el consumo de 10 a 5 unidades. Por el contrario, un producto es inelástico cuando las variaciones en el precio no afectan el consumo. En la figura 1 (derecha) se muestra que el mismo aumento de 1 a 2 dólares, tuvo efectos muy pequeños en la cantidad demandada.

 

 

Figura 1. Elasticidad-precio de la demanda de Gasolina en países ricos y pobres

 

          Elaboración propia basado en los resultados de Galindo (2015)

 

Esto quiere decir que cuando los países ricos suben los precios de las gasolinas, los consumidores disminuyen su compra. Por tanto, para ellos son recomendables acciones como un mayor impuesto a las gasolinas, ya que esto desincentivaría el consumo y reduciría enormemente las emisiones de CO2.

 

En cambio, en los países pobres cuando sube el precio de la gasolina el consumo se mantiene casi igual. Por tanto, un impuesto a gasolinas o una reducción de subsidios no desincentivará el uso del automóvil; al contrario, puede ser perjudicial para el nivel inflacionario, algo similar a lo que nos ocurre ahora en el país. La inelasticidad del precio de la gasolina se explica porque en los países pobres no tenemos medios de transporte públicos eficaces y seguros, por ello los consumidores prefieren usar sus vehículos propios para no llegar tarde o por temor a ser asaltados. Aquí las acciones recomendadas deberían ser mejorar la infraestructura del transporte colectivo.

 

Si bien el problema ambiental es global, no puede resolverse de la misma manera por los países ricos que por los pobres, ya que las medidas que funcionan en un país pueden ser altamente perjudiciales en otro, como en el caso de los precios de la gasolina. Nuestras naciones no pueden permitir que el desarrollo del mundo siga a costa de nuestra pobreza. Los primeros obligados en revertir los efectos climáticos de la contaminación son los países industrializados, esa es la deuda que tienen con el tercer mundo. Cuando dejemos de ver al planeta como una fuente de riqueza y lo volvamos a ver como nuestra casa común, podremos avanzar en estos grandes desafíos, ¿será posible dentro del actual sistema económico?

 

*Profesor-Investigador Facultad de Negocios Universidad La Salle-Ciudad de México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

Twitter: @BandalaCarlos