Indice Político

Rumbo a la dictadura de los corruptos e ignorantes

Francisco Rodríguez

El ideólogo de Atracomulco, Enrique Peña Nieto, el que aún no sabe los títulos de tan sólo tres libros que le hayan cambiado la vida y quien fuera investido aquél aciago 2012 con base en el voto de menos de una quinta parte de los electores empadronados, repite cotidianamente su argumento cumbre de que México va muy bien, que ya la hicimos, ¡porque todavía hay países más jodidos que el nuestro!

 

‎Lo que pasa es que las referencias ya se están acabando. Aparte de algunos enclaves británicos en el sub Sahara africano, ya no quedan ejemplos de tamaña comparación. En el Continente americano, fuera de la referencia obligada de Haití, no hay parajes tan desolados para comprobar el aserto fundamental, el dato duro del ideólogo toluquita.

 

Ante los resultados económicos, políticos, culturales y sociales del gobiernito que padecemos, no se necesita ser contestatario para llegar a una conclusión obvia sobre su cinismo: se atizan los indicadores de la desigualdad, como un camino irreversible para llegar a la intolerancia, para aplicar remedios de dictaduras que siempre llevan a la violencia sin control posible.

 

Los gobiernos ilegítimos normalmente son intolerantes

 

Hay un evidente parentesco entre la intolerancia y la desgracia social. Los gobiernos ilegítimos normalmente son intolerantes. Se hacen obedecer a base de represión, de crímenes y de mentiras.‎ Lo que se observa cotidianamente desde que inició el infame sexenio atracomulca es radicalmente contrario a un concepto sensato de régimen político. La tolucopachucracia lucha en favor de su propia extinción.

 

El absoluto abandono a sus funciones, el alejarse cada día que pasa de obligaciones elementales como la realización de alguna obra de beneficio colectivo, el no atender los servicios públicos a las franjas vulnerables, el haberse retirado de la educación, la vivienda, la seguridad social y nacional, el abasto, la atención sanitaria...

 

... la tutela de los derechos sociales fundamentales urbanos, obreros, agrarios y la frecuentemente injusta distribución de la riqueza, más la violación sistemática de los derechos electorales básicos, configuran un cuadro de desastre.‎ Si a lo anterior se agrega la rapiña sobre los ahorros públicos, cualquier dictadura palidece ante la situación mexicana.

 

Sólo geográfica, la diferencia con dictaduras asiáticas y africanas

 

La única diferencia entre la represión y la corrupción de las más sangrientas dictaduras sudamericanas , asiáticas y sudafricanas con la mexicana es solamente geográfica. ‎No hace falta culpar al populismo ni a la demagogia, aquí se ejecutan a rajatabla las leyes de hierro de las oligarquías, el autismo de los déspotas... ¡la creencia de que todo va bien!

 

Ciento un millones de mexicanos en pobreza atestiguan el avance que pregonan los toluquitas, representantes de la decadencia. El uno por ciento de la población, privilegiada por su complicidad con el régimen, aplaude la permanencia de sus modos y maneras. Se tensa la cuerda, se violenta el edificio social, en la absoluta inconsciencia, en la brutal ignorancia.

 

En toda extorsión, está la mano de gato del toluquismo codicioso

 

‎Para los ideólogos de Atracomulco es un delito tener hambre. Es un despropósito ser pobre. Retuercen y reforman las leyes para aplicarlas a los gustos de los explotadores, para saciar un apetito enfermizo e incontrolable de dinero. En todo crimen, en toda extorsión, está la mano de gato del toluquismo codicioso.

 

Quien no esté de acuerdo con este credo atracomulca pagará alojando sus huesos en las nuevas prisiones de alta seguridad que construyen empresas extranjeras avaladas por la Secretaría de Gobernación, bueno, de aquellas empresas que cubran el porcentaje del moche. Todavía hay clases, sabe usted.

 

Causan hilaridad en el mundo por sus modales calcados

 

Pretenden hacer creer al pueblo que desmantelar el Estado del bienestar es el paso obligado para conseguir progreso y felicidad. Subastan la soberanía, regalan el patrimonio, rematan regiones geográficas enteras, sacrifican la dignidad, integridad y libertad en mercados negros de absurda complicidad con la delincuencia organizada. Es la doctrina del abuso.

 

En las bases mismas del Estado mexicano se estamparon los criterios para alcanzar la equidad a través de la justicia social. El concepto moderno de la equidad se produce cuando un aparato gubernamental comprende que el sólo culto al poder es ajeno a las concepciones que tiene la sociedad sobre la convivencia en dignidad.

 

Aquí no. Entre los ignorantes tolucopachucocrátas el culto al poder es parte del primer mandamiento. Creen estar hechos a mano, cuando forman una corte de enanos sin acabado, cuando causan la hilaridad en todos los rincones del mundo por sus modales calcados, con su imposibilidad para expresarse en alguna lengua, nativa o extraña.

 

Para ellos sólo hay equilibrio cuando favorece a sus apetitos insanos

 

El concepto de la equidad social convoca a superar falsos paternalismos que desalientan la participación comunitaria, que inhiben la expresión del desacuerdo, que alienta banderas fundamentales de reivindicación, que insta a echar mano de todos los mecanismos de equilibrio y concordia. Para los de Atracomulco sólo hay equilibrio cuando favorece a sus apetitos insanos.

 

El concepto de la equidad social, desconocido por los yuppies de huarache mexiquense e hidalguense, está arraigado en el pueblo que repudia al fracasado neoliberalismo, el de las cifras engañosas de crecimiento, el de las estadísticas maquilladas y las caras de "yo no fui" de los hipócritas intolerantes. Ninguno de los suspirantes a sucederlo tiene dos dedos de frente para marcar una distancia.

 

El poder debe ser el instrumento necesario para la solidaridad

 

La equidad social contribuye al desarrollo, impulsa el crecimiento del mercado interno a través de inversiones multiplicadoras de empleo, alienta los programas sociales, impulsa la opinión de los grupos pensantes,‎ alienta la vivienda, la salud, la educación, el alimento barato, los últimos reductos de la razón de ser del Estado contemporáneo.

 

Considera al poder como un instrumento necesario para la solidaridad con quienes más lo necesitan. No ve su ejercicio como un privilegio, sino como la base para actuar en favor de la población vulnerable que demanda ampliar las prestaciones sociales y enfrentar los efectos destructores de una crisis estanflacionaria que se atiza desde el desarraigo, la ambición y la apatía del toluquismo depredador.

 

Están atrapados en el pasado que sostiene su catatonia

 

Peña Nieto, el ideólogo de Atracomulco no entiende que la sociedad democrática debe brindar una libertad real. Acciones para promover la inclusión, el bienestar material y moral de la colectividad, el privilegio a los sectores de menores recursos para el constante mejoramiento de la vida, transformar las necesidades en respuestas.

 

‎Alrededor de esos objetivos, fortalecer las instancias de diálogo, organización, información y transparencia. Aquí deberían concurrir todas las demandas.‎ Pero la resistencia al cambio, una característica común a los conservadores, los inmoviliza, los exhibe como payasos de la vida pública, lacayos, catetos de los poderosos insensibles.

 

El derecho al aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la consustancial adopción de menores, la muerte asistida, el financiamiento a poblaciones vulnerables para empoderarlas y soportar su estado de indefensión, los escandaliza. Están atrapados en el pasado que sostiene su catatonia.

 

Las libertades de manifestación de las ideas, la protección del comercio informal, el seguro contra el desempleo de migrantes, indigentes e indígenas, así como la subrogación del Estado en su protección judicial en las mejores condiciones, les hace mucho ruido a los atracomulcas.

 

Vamos, con paso acelerado, rumbo a la sangría civil

 

Y francamente, así no se puede.‎ Vamos, con paso acelerado, rumbo a la sangría civil, al Estado de lo putre. A la violencia comoultima ratio de los ignorantes enfurecidos, desesperados por encontrarse en un callejón sin salida.

 

¿Usted qué haría?, pregunta desde Los Pinos el dictatorial aprendiz de brujo.