EPN espía a defensores de los 43, Loret de Mola y a Aristegui: NYT

 
César Palacios

El gobierno del cuestionado Enrique Peña Nieto vuelve estar en el ojo del huracán, esta vez porque el gobierno del mandatario priista espía a defensores de los derechos humanos y a periodistas con un sistema cibernético que solo debería ser usado para combatir al crimen organizado, reveló el diario The New York Times.

 

“Los blancos del espionaje incluyen a los abogados que investigan la desaparición masiva de 43 estudiantes (Ayotzinapa), un académico altamente respetado que ayudó a escribir la legislación anticorrupción, a dos periodistas influyentes y a un abogado estadunidense que representa a las víctimas de abuso sexual por parte de policías”, destaca el artículo publicado por dicho medio.

 

Los personajes espiados por el gobierno de Peña que menciona la investigación son: Juan Pardiñas, director ejecutivo del Instituto Mexicano para la Competitividad; Mario E. Patrón, director el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y representante de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa; la periodista Carmen Aristegui y su hijo Emilio.

 

En la lista aparecen también Santiago Aguirre, abogado de los familiares de los normalistas desaparecidos, la abogada estadounidense Stephanie E. Brewer, representante de las personas que participaron en las protestas de San Salvador Atenco y el conductor de noticias matutinas de Televisa Carlos Loret.

 

El equipo cibernético para llevar a cabo el espionaje, conocido como “Pegasus”, fue adquirido en 2011 por el gobierno mexicano a la empresa israelí NSO Group, que asegura haberlo vendido bajo la condición de no emplearlo en contra de la población civil.

 

“El acuerdo explícito indica que se utilizaría únicamente para combatir a terroristas, a cárteles de las drogas y a grupos criminales que por mucho tiempo han secuestrado y asesinado a mexicanos”, subraya el reportaje firmado por los reporteros Azam Ahmed y Nicole Pelroth.

 

El espionaje que efectúa el gobierno de Enrique Peña Nieto se sustenta en la activación del software de “Pegasus” en los teléfonos inteligentes.

 

“La compañía simplemente le cobra al gobierno en base al número de blancos espiados. Para espiar a 10 usuarios de teléfonos iPhone, por ejemplo, la compañía hace un cargo de 650 mil dólares encima de otro cargo de 500 mil dólares por la instalación del sistema, de acuerdo a las propuestas de mercadeo de NSO; revisadas por el The New York Times”, enfatiza el reportaje.

 

Cabe señalar que bajo las leyes de nuestro país, solo un juez federal puede autorizar el espionaje de comunicaciones privadas únicamente cuando las autoridades demuestren evidencias suficientes que sustenten el pedido del magistrado.

 

“Es altamente improbable que el gobierno recibiera la aprobación judicial para interceptar los teléfonos, de acuerdo a varios exfuncionarios de los sistemas de inteligencia del gobierno mexicano”, subraya The New York Times.

 

La capacidad del equipo cibernético de Israel es bastante sofisticado y rebasa la imaginación de cualquiera. Por ejemplo, Carmen Aristegui recibió un mensaje en su teléfono celular que presuntamente provenía de la embajada de Estados Unidos en territorio nacional. “Ella recibió un mensaje supuestamente de parte de la embajada de Estados Unidos en México sobre un problema con su visa. Emular a un funcionario estadunidense es una posible violación de las leyes de Estados Unidos”, destaca la investigación.

 

“Ellos (el gobierno mexicano) a inicios del mes de marzo comenzaron a espiar a Emilio, el hijo de la señora Aristegui que tiene 16 años de edad y vive en Estados Unidos”, agrega el reportaje.

 

The New York Times señala que Aristegui es víctima del espionaje de Peña Nieto porque ella y su equipo de noticias revelaron el escándalo de la famosa Casa Blanca, la mansión de aproximadamente siete millones de dólares en la Ciudad de México propiedad de Angélica Rivera, esposa del mandatario priista.

 

“Los escándalos han dejado una marca indeleble a la reputación del presidente. Después de tener una imagen elevada y perfectamente diseñada –un presidente joven, con mucha energía que trabajaba sin acotamientos partidistas y que representaba al nuevo México– el señor Peña Nieto fue de pronto identificado con una persona que vive fuera de la realidad, un político corrupto con niveles de aprobación abismalmente bajos”, concluye la investigación, reportó Proceso.