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Un edil indolente

Cualquier asentamiento humano tiene, en mayor o menor medida, un índice de inseguridad. Incluso en aquellas comunidades donde las formas de vida son rústicas, existen previsiones para atender las faltas a las normas básicas de convivencia, sancionándose los atentados contra la propiedad o la integridad de sus miembros. Y es importante tener claro lo anterior para entender que, por más esfuerzo que haga una autoridad, siempre existirán delitos y por lo tanto siempre se necesitará de un trabajo para prevenirlos y en su caso sancionarlos.
 
Pero una cosa es que los delitos no puedan ser abatidos al cien por ciento, y otra distinta que los funcionarios públicos obligados a garantizar el orden, se crucen de brazos mientras los ciudadanos padecen el aumento de la inseguridad, los robos a comercios y locales, así como los asaltos a transeúntes, además de los daños a la propiedad ajena.
 
Ayer en el Centro Histórico de Puebla se vivió otra historia de terror, cuando delincuentes armados robaron una joyería  a plena luz del día y con calles llenas de ciudadanos, causando la muerte de un policía auxiliar que trató de repeler el atraco. Y los maleantes lo hicieron sin importar que a la vuelta de la esquina está la oficina del presidente municipal, o que estaban atracando en una zona turística, razones por las que en teoría debiera existir más vigilancia que en las calles comunes de Puebla.
 
Entonces, si en hora y día hábil, frente a cientos de testigos, con cámaras de vigilancia y con patrullas que en teoría rondan la zona, los delincuentes robaron a sangre y fuego, ¿qué se puede esperar de aquellas colonias y barrios donde de vez en cuando se para la policía?
 
Cuando hechos como el de ayer ocurren, las autoridades municipales ponen de pretexto que robos de esta magnitud ya están planeados y que es imposible poner un policía por cada comercio de la ciudad. Eso es cierto, pero también lo es que si los delincuentes se aventuran a cometer felonías del tamaño de la de ayer, es porque ya conocen las debilidades de la autoridad.
 
Debilidades como su lenta, lentísima respuesta a los llamados de los ciudadanos. Su falta de coordinación para cubrir las emergencias. O bien la soberbia de sus altos mandos, que sólo aprovechan el puesto para cobrar un salario alto y cargar un arma en el cinto. Y los problemas parten desde la evidente falta de interés del presidente municipal, Eduardo Rivera, para meter orden en las corporaciones que están a su cargo. Estamos pues frente a un gobierno municipal indolente.
 
Hoy lo que abunda en el Centro Histórico es la inseguridad y el desorden. Pese a los discursos oficiales del edil, los ambulantes siguen haciendo lo que quieren; los automovilistas irresponsables siguen provocando caos con su falta de cultura vial; los transportistas siguen actuando como les place; los franeleros siguen haciendo negocios con la vía pública; abundan maleantes despreciables que roban celulares y cadenas a víctimas fáciles; operan carteristas y farderos que nunca son detenidos o bien son sospechosamente liberados; y por si fuera poco se permite la vagancia y hasta el exhibicionismo en la zona que debiera ser la más cuidada de Puebla, por ser nuestra cara ante México y el mundo.
 
¿Hasta cuándo el gobierno de Eduardo Rivera hará realmente algo para fortalecer el orden y la seguridad en la Angelópolis? No basta con adquirir nuevas patrullas o instalar cámaras; urge aumentar el número de policías y sustituir a muchos por elementos en los que sí se pueda confiar. Es indispensable restructurar la corporación, sacando desde los mandos que actúan como “divas”, hasta los uniformados que “galanean” con empleadas de mostrador y reciben dádivas de los comerciantes. ¿Hasta cuándo seguirá habiendo tanta tolerancia frente a los que causan desorden y daños?
 
El hecho es que la policía municipal no infunde respeto ni confianza entre los ciudadanos, por la sencilla razón de que Eduardo Rivera no le ha entrado de forma integral al tema de la seguridad pública. Ya pasó prácticamente un año de administración municipal, y el edil está más interesado en operar a favor de una aspirante presidencial, que en evitar hechos de sangre como el de ayer.
 
fuerteyclaro@hotmail.com
imagenpoblana.com Por: Daniel Lara Mendoza