“¿Qué pasó mi Lalo? ¿Todo listo?”

Escenas de Periodismo Ficción (I) que permiten al reportero explorar su capacidad de escritura pintando escenarios que tal vez están en el futuro
Con la llegada del Nuevo Periodismo surgieron también nuevos géneros para ampliar los horizontes de la escritura literaria. El género “Periodismo Ficción” fue acuñado para dicho fin. Sin tomar en cuenta el dato duro, permite al reportero explorar su capacidad de escritura pintando con su tecla escenarios a los que tal vez no tendría acceso nunca o que están en el futuro.
 
A continuación tres escenas de lo que ocurrirá el 1 de julio bajo la óptica de este género:
 
Eduardo Rivera
 
Después de tomar su primer café del día, Eduardo Rivera hizo una llamada. Del otro lado de la línea estaba el jefe nacional del sector político de la Organización del Yunque, Marco Adame, exgobernador de Morelos.
 
-          ¿Qué pasó mi Lalo? ¿Todo listo?—dijo el morelense.
 
-          Sí, jefe, le vamos a echar todas las ganas.
 
-          Tú sabes que esta elección es muy importantes para todos, pero en particular para ti. No necesito decírtelo.
 
-          No Marco, para nada.
 
-          Dile a Mario que se vaya preparando para la alcaldía. Si ganamos, tú te conviertes en secretario. Es lo que queremos en la Organización, una posición nuestra en el gabinete de Josefina. ¡Cabrón!, después de todo, nosotros le hicimos su campaña.

 
Eduardo sonrió con suficiencia. Por su mente pasó la imagen del gobernador del estado. Vio cercana su venganza. Recordó el 15 de septiembre del año pasado cuando miró desde el hombro de Rafael Moreno Valle el zócalo poblano llenó ante el grito de independencia. Sonrió aún más ampliamente.
 
***
 
No habían dado siquiera las tres de la tarde. Lalo sudaba. Estaba desesperado. Ahí, en el búnker del PAN, le devolvían la mirada rostros alargados y tristes. No solo había perdido cualquier posibilidad de ser secretario de gabinete federal. Ni su amigo Enrique Guevara ni su amiga María Isabel Ortiz habían conseguido la diputación federal que el ostentó hace años.
 
“¡Me lleva la chingada!”, dijo por lo bajo el alcalde. La frase se escuchó extraña en sus labios conservadores. Y entonces su rostro se descompuso. Su ansiada venganza nunca llegaría.
 
José Juan Espinosa
 
De espaldas a sus correligionarios, José Juan Espinosa tenía el teléfono sudado en la mano. Llevaba 15 minutos hablando. José Ángel García y Nacho Alvízar le miraban expectantes.
 
-Era Luis, me dice que pues ya arrancaron todas las votaciones, pero que la operación no fue al cien—había preocupación en el rostro del niño naranja.
 
José Ángel tenía el rostro inexpresivo. Nacho frunció ligeramente el entrecejo.
 
-- A ver qué pasa—dijo José Juan con una voz apenas audible.
 
***
 
Las cinco de la tarde fue anunciada por un reloj con alarma. Nadie la escuchó. El búnker de movimiento ciudadano era de euforia.
 
No votaron todos los simpatizantes de los operadores, pero salieron a la calle los universitarios. Tarde, después de la resaca del sábado, antes de la final de la Eurocopa, las muchachas y los varones de todo el país se volcaron a apoyar a Andrés Manuel López Obrador y el voto fue en cascada.
 
Todo ello era relatado con frenesí por José Juan Espinosa a sus amigos del extinto Convergencia.
 
--¡Carajo! Pues al menos aquí en Puebla ya ganamos—soltó emocionado el niño naranja.
 
-- Viene las llamadas, cabrón, te lo apuesto—dijo José Ángel.
 
Nacho Alvízar no frunció el entrecejo. Tenía una sonrisa que se amplificaba con su negro bigote. Sabía bien que no se había equivocado en sus previsiones.
 
El celular sonó de pronto y José Juan contestó con parsimonia.
 
-          ¿Cómo estamos, Senador?, le respondieron del otro lado.
 
Alejandro Armenta
 
Lejos de todo el barullo del trabajo del búnker priista, Alejandro Armenta entró a su oficina.
 
Solo, el coordinador de la campaña de Peña Nieto recordó aquel histórico 2009 en el que arrasó al PAN. Ni un distrito les dejó.
 
Recordó los brincos y abrazos sobre la tarima puesta para la rueda de prensa en el hotel Gilfer. Los colores blancos, rojos y verdes procedentes de camisas, playeras y otros elementos nublaban sus ojos en el recuerdo.
 
La operación de este 1 de julio electoral fue tan efectiva como la de 2009. Todos los que debían hablar por teléfono lo hicieron. Los que movilizaron gente no fallaron. Los votos ocultos ocurrieron.
 
Los simpatizantes naturales, los no comprados, también eran muchos. Las mujeres, señoras y jovencitas, mostraban euforia por Peña Nieto.
 
-¿Qué carajos pasó?- dijo en voz alta Armenta.
 
La elección la había perdido el PRI; 700,000 votos menos que los obtenidos por Javier López Zavala.
 
Y entonces miró su reloj. Era el momento de declarar en rueda de prensa ganador a Enrique Peña Nieto. La clásica estrategia de declarar ganador al perdedor para ganar tiempo, para que algo suceda.
 
Pero  no sucedió. Al menos para el PRI.
imagenpoblana.com Por: Miguel Ángel Cordero