La información es poder

Licencia para separarse del cargo y el nombramiento de un rector interino de toda su confianza son las dos medidas que como bien se sabe aprobará el Consejo Universitario de la BUAP en su sesión extraordinaria de este viernes. Y tanto para los entendidos como para los que no leen entre líneas, va quedando bastante claro hacia dónde se inclinará la balanza en la designación del candidato priista a la Presidencia Municipal de Puebla.
 
Apenas unos días atrás se decía que la puja continuaba entre el aún rector, Enrique Agüera Ibáñez, y un José Chedraui que después de su intensa campaña de posicionamiento mediático y de presumir una supuesta amistad con el presidente de la República, logró colarse con muy pocos méritos reales en la lista de finalistas por el Ayuntamiento angelopolitano.
 
Pero aunque el delgado estatal del PRI no quiera ver las “señales” que el resto del mundo sí, es muy complicado ignorar ciertos hechos: primero, Enrique Agüera difícilmente dejaría pasar la oportunidad de explotar todo su capital político y posicionamiento social acumulado en los últimos ocho años frente a la BUAP, para competir sólo por una curul en el Congreso local. Segundo, no se habría desatado la operación de sus simpatizantes en las redes sociales, ni se habría incrementado tan drásticamente la lista de “simpatizantes” del rector casi de un día para otro. Tercero, de otro modo no se explica el repentino bajón de ritmo de “Pepe” Chedraui, hasta hace muy poco volcado en medios de comunicación haciéndose publicidad.
 
Bien dicen que la información es poder y queda claro que Enrique Agüera sabe desde ya el sentido de la decisión tomada por el CEN priista, que ahora será maquillada como una “determinación de las bases”, “una decisión complicada” y quién sabe cuántos argumentos más para no decir la verdad: se eligió al aspirante más competitivo en todos los sentidos.
 
Nunca ha habido verdadera comparación entre José Chedraui y Enrique Agüera. El primero, salvo su reputación empresarial conocida sólo en los círculos donde acostumbraba moverse, no tenía más cartas de presentación que un modesto programa radiofónico y la ya mencionada, presunta, relación con el presidente y el primer círculo de poder en México.
 
El aún rector, por su parte, goza de cabal salud política; casi dos periodos al frente de la BUAP; un abultado portafolios de evidencias exitosas tras su paso por la máxima casa de estudios; ningún escándalo o puntos negativos que sean fácilmente utilizables en su contra por otras fuerzas. En pocas palabras, era la mejor decisión porque también tiene la capacidad de unir a los grupos priistas disímbolos, casi antagónicos, que jalan cada cual por su lado y que cuando no son favorecidos probablemente no ponen el pie a los ungidos, pero simplemente no los apoyan.
 
Enrique Agüera puede unir al priismo y aún más importante que eso, su nombre y trayectoria pueden atraer votos para ese partido aún entre la gente que no milita en él, ni está acostumbrada a respaldar sus colores.
 
Y en el último de los casos, es muy complicado imaginarse a un José Chedraui administrando una ciudad tan compleja como Puebla, y un Enrique Agüera como, digamos, líder del Congreso (en el presunto caso de que ambos ganaran sus respectivas competencias a dichos cargos). Más bien, la creatividad, el conocimiento y la correcta administración de los recursos prometerían ser garantizados por el aún rector; mientras que las relaciones públicas, la transmisión de directrices y la coordinación de sus compañeros legisladores, se antojan más como ventajas del empresario.
 
Claro, que todo en el supuesto caso de una victoria priista. Ya se verá.
 
fuerteyclaro@hotmail.com
imagenpoblana.com Por: Daniel Lara Mendoza