Viernes, 29 de Junio de 2012 05:12
El anuncio que Pablo Montiel Solana hizo respecto a que la interesa contender por la alcaldía de Puebla en 2013 debe entenderse como el lanzamiento del “Plan B” del Yunque para hacerse de la alcaldía.
Pablo Montiel, al igual que su hermano Carlos Montiel presidente de la Coparmex en el estado, pertenecen a la organización de ultraderecha El Yunque.
Francisco Rodríguez, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, es el otro nominado por el Yunque para la alcaldía en 2013. De hecho, es el favorito.
La pregunta entonces salta de inmediato: ¿cómo es que otro militante del Yunque levanta la mano por la alcaldía sobre todo cuando ambos pertenecen al círculo empresarial?
Para dilucidar este trabuco comenzaré por contextualizar brevemente al lector en el tema de el Yunque.
El Yunque es una organización creada en los cincuentas por Ramón Plata Moreno, exalumno del Colegio Oriente.
Aunque su familia pertenecía a la clase media alta de Puebla, los otros cofundadores de esta institución provenían de familias, por decirlo de alguna manera, de “rancio abolengo”.
Los apellidos Espina, Von Roerich, Von Rasfeld, Aizpuru, de ascendencia española, alemana o europea –para resumir—, por mencionar algunos, dan cuenta de que el Yunque, en su cúpula, está en manos de los descendientes de la aristrocracia procatólica.
Quiero dejar en claro que no estoy afirmando que el Yunque provenga desde tiempos antiguos, sino que, de manera natural, la herencia cultural, política y religiosa ha generado el surgimiento de grupos de derecha o ultraderecha en la historia y que esa herencia cultural y de ideologías ha llegado a la época actual.
En el caso de México, el Yunque es heredero del pensamiento conservador nacionalista que en el otro lado del charco ostentó el Nacionalsocialismo.
Regresando al tema de la aristocracia en el Yunque, es posible analizar lo que sucede en esta agrupación en términos electorales.
Por llamarla de alguna forma, la “realeza de la derecha” –ya explicada— siempre ha querido tener a “su alcalde”, es decir, alguien de esos apellidos.
En el pasado lo han intentado y fallaron. Por eso, nuevamente la intención es promover a uno de los suyos, en este caso Francisco Rodríguez.
¿Por qué entonces Montiel Solana levantó la mano?
Por dos razones fundamentales. La primera es desviar la atención de Francisco Rodríguez, quien ya había sido destapado antes de tiempo, perjudicándose a sí mismo.
Así, los reflectores, críticas y señalamientos recaerán en la figura de Pablo Montiel.
Él, junto con su hermano, pertenecen a otra generación del Yunque, la de los exclase media o apenas alta que se hicieron de empresas o negocios o los mismos fructificaron con el apoyo de esta secreta organización.
Así pues, es una pieza más en el tablero de la realeza yunquista y por tal motivo puede ser usado como el distractor o inclusive como el Plan B.
En caso de una elección complicada o para alguna negociación, su cabeza podría ser arriesgada por los líderes del Yunque en lugar de la del
preciado Francisco Rodríguez.
Así las cosas, Montiel Solana no tomó la decisión de promoverse como un reto a la decisión del Yunque de promover a Franco, sino como una carta comodín con qué jugar en la mesa de negociaciones.
Y el secretario de gobierno encantado, pues el que obedece no se equivoca.