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Imagen Económica

Epidemias, pandemias y enfermedades de pobres

Carlos Alberto Jiménez Bandala*

En la última semana se emitió una alerta mundial por el brote de un nuevo tipo de coronavirus proveniente de China (2019nCoV), cuya principal consecuencia es una forma de neumonía que afecta severamente a los pulmones al grado de ser mortal. Al inicio se presenta como un cuadro gripal (fiebre, dolor muscular, dificultad para respirar); no obstante, los antibióticos no tienen efectos para aminorar la enfermedad y hasta ahora no hay un fármaco disponible para prevenirlo o combatirlo. Su transmisión es de persona a persona.

 

Con mucha rapidez se ha propagado la noticia y la Organización Mundial de la Salud (OMS) se reunió ayer para evaluar la situación y declarar oficialmente una emergencia sanitaria. Sin embargo, la falta de evidencias pospuso la declaratoria para hoy. Por ahora, la realidad nos muestra una mayor psicosis, resultado de los medios de comunicación, que efectos reales sobre la población.

 

Al momento, China ha detectado más de 570 casos, de ellos 17 son defunciones; fuera de China se contabilizan 11 pacientes, uno de ellos en Estados Unidos y posiblemente uno en nuestro país, aún ninguna defunción. La psicosis aumenta porque este fin de semana se celebra el año nuevo en China y muchas personas viajan a sus lugares de origen. La magnitud de esta movilidad es 25 veces superior a la que vive Estados Unidos en vísperas del día de Acción de Gracias, por lo que se trata de un potencial caldo de cultivo para reproducir el virus.

 

Las medidas tomadas han sido radicales, se han puesto en “cuarentena” a unos 11 millones de habitantes y turistas que paseaban por Wuhan, ciudad donde se originó el virus. Por su parte, Corea del Norte cerró sus fronteras. En estaciones de autobús, ferrocarril y aeropuertos se han instalado termómetros digitales para verificar la temperatura de los viajeros y se realizan desinfecciones de forma periódica.

 

¿Hay razones para entrar en pánico? Definitivamente no. Estamos frente a un “brote” que es definido como la aparición súbita de una patología que infecta en una región a un determinado número de personas. Una epidemia se da cuando, después de un lapso del brote, el número de personas sigue aumentando. Mientras que una pandemia tiene lugar cuando la patología ha sido transmisible en diferentes países, ya que los casos presentes en otros países han sido aislados, no podemos decir aún que es una pandemia.

 

Una pandemia puede ser tan grave que sus efectos lleguen a devastar económicamente a una región, cabe señalar la peste de principios del siglo XIX o el VIH/SIDA de finales del siglo XX que se calcula tuvieron efectos, por separado, cercanos al 1% del Producto Interno Bruto Mundial.

 

Actualmente. la OMS tiene en la mira algunas pandemias como la meningitis y la fiebre amarilla en el cinturón de África subsahariana que pone en riesgo la vida de hasta 30 millones de personas si no llegan a vacunarse a tiempo; el zika, dengue y chikungunya que se transmiten por un vector (zancudo) y que en estos momentos ha infectado a más de 1,800 personas en Paraguay incluido el presidente; el cólera en las regiones de América Central, el Caribe y África del Norte, y la difteria, el paludismo y la malaria en América del Sur y Asia meridional. El nuevo coronavirus ni remotamente se acerca a estos casos.

 

Sin embargo, el coronavirus sería altamente mortal si se propaga en países de bajos ingresos, puesto que ahí las enfermedades respiratorias son la primera causa de muerte. Al final, las causas de muerte por alguna patología también tienen que ver con la economía. De tal suerte que si bien la muerte democráticamente se lleva a todos por igual, hay enfermedades que sí distinguen a los ricos de los pobres.

 

La gráfica 1 muestra el top 5 de las causas de mortalidad por patología en países de altos, medianos y bajos ingresos. Observe que las enfermedades asociadas al corazón son mayores en los países de ingresos medianos y altos; mientras que las muertes por enfermedades respiratorias son más comunes en países pobres. De la misma forma, parece que el VIH-SIDA y las diarreas son enfermedades que solo matan a los pobres, a los ricos los mata la diabetes y la hipertensión.

 

 

Elaboración propia con datos de OMS, 2017

 

En otras palabras, en los países ricos las enfermedades transmisibles han sido controladas al punto de dejar de ser mortales, en cambio hoy tienen un reto frente a las enfermedades no transmisibles y por tanto tendrán que orientar su política pública al individuo. Por su parte, los países pobres deberán aumentar su gasto en salud en términos de masificar las acciones contra las enfermedades transmisibles y por tanto su mejor política pública debiera ser general.

 

Esperaremos la información de la OMS y por lo pronto seguir con los protocolos de salud que deberíamos tener siempre: higiene, autocuidado y consultar al médico con regularidad.

 

 

*Profesor-Investigador Facultad de Negocios, Universidad La Salle México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

 

Twitter: @BandalaCarlos

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