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Mandatarios que desestimaron pandemia, ahora luchan por aplanar la curva

Mandatarios que desestimaron pandemia, ahora luchan por aplanar la curva

Diversas han sido las posturas y reacciones de los países alrededor del mundo respecto a la pandemia de COVID-19, que se expande a gran velocidad. Mandatarios han tomado decisiones para prevenir mayores contagios y fallecimientos desde sus perspectivas económicas, sociales y de salud.

 

Boris Johnson, primer ministro de Reino Unido, quien comenzó subestimando la pandemia cuando apenas llegaba al país y bromeó sobre haber saludado de mano a algunas personas probablemente infectadas durante su visita a un hospital, fue enviado a una unidad de cuidados intensivos (UCI) tras dar positivo al COVID-19.

 

En América Latina, algunos mandatarios también han subestimado alarmantemente la pandemia, aun cuando en sus países ya se registraron cientos de contagios y muertes por el nuevo coronavirus.

 

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, aseguró que el coronavirus era "sólo una simple gripe" y ha tratado de presionar a los gobiernos locales de su país a cancelar las medidas de confinamiento impuestas por estos, para evitar el desplome de su economía. Hasta el 7 de abril, Brasil presenta 13,831 infectados y el número de muertos asciende a 681; sin embargo, Bolsonaro continúa resistiéndose a aceptar la gravedad de la pandemia.

 

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, también ha causado polémica dentro y fuera del país por sus declaraciones respecto a la pandemia. En marzo, cuando se registraron los primeros casos de COVID-19 en el país, López Obrador invitaba a la población a no dejar de salir y acudir a restaurantes, además continuaba sus giras de trabajo con aglomeraciones de personas e ignorando las recomendaciones de sana distancia dictadas por sus mismas autoridades de salud pública.

 

Semanas después, tras diversas declaraciones polémicas, como mostrar amuletos y estampas que afirmó lo protegen, y ante un evidente aumento de los casos de contagio y muertes por el virus en México, el mandatario comunicó a través de un video que se debían obedecer las instrucciones de las autoridades sanitarias y era mejor quedarse en casa.

 

Otro ejemplo sobre el mal manejo de la pandemia es Donald Trump, presidente de Estados Unidos: En febrero, Trump aseguraba que el riesgo para los estadounidenses por el COVID-19 era muy bajo, que el país contaba con los mejores expertos en salud y todo estaría bajo control.

 

A finales de marzo aseguró que un medicamento contra la malaria llamado hidroxicloroquina, combinado con otros fármacos servía para tratar a los contagiados por coronavirus, aseveración desmentida poco después por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) con el argumento de que aún faltaba hacer más ensayos clínicos.

 

Finalmente, Estados Unidos se ha convertido, hasta el 8 de abril, en el país con mayor número de contagios con casi 400,000 casos y poco más de 13,000 muertes por COVID-19; la cifra de personas fallecidas en 24 horas llegó a 2,000 desde que la pandemia apareció en su territorio.

 

Los discursos y medidas tomados por Trump y otros mandatarios al inicio escépticos han cambiado. Poco a poco se acatan las medidas de aislamiento social, deteniendo actividades comerciales no esenciales, pero han comenzado a luchar con la escasez de insumos médicos fundamentales para garantizar la atención de las víctimas y la protección de los trabajadores de los servicios de salud, para accionar correctamente contra esta pandemia.

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