La soledad de Guadalupe Leal

Una sonrisa forzada se dejaba ver en el rostro de la panista Guadalupe Leal el pasado domingo en la Asamblea Municipal del PAN. Aún no terminaban de cerrar todos los paquetes de la elección interna para la dirigencia municipal panista y los contrastes se podían ver en un salón social de Zavaleta.

 

Mientras un sonriente Jesús Zaldívar no dejaba de recibir felicitaciones, porras y llamaba la atención de los reporteros presentes, en el otro extremo Guadalupe Leal veía con seriedad su teléfono celular.

 

Un par de personas la escoltaban mientras tal vez ella trataba de comunicarse con quienes la metieron en este problema y la dejaron a su suerte en una elección que tenía más que perdida.

 

Seguramente no le respondieron, pues como cualquier persona que manda a sus incondicionales a la guerra sin fusil, sus malos consejeros lanzaron la piedra y escondieron la mano… o se escondieron lejos de la Asamblea Municipal.

 

Más allá de que Guadalupe Leal no era para nada la indicada para dirigir los destinos del PAN en Puebla capital, lo que le hicieron sus malos consejeros Genoveva Huerta y Eduardo Alcántara simplemente no tiene nombre.

 

Y es que le calentaron la cabeza con falsas esperanzas y tras ver que perdería por un margen de casi mil votos prefirieron esconderse y dejar a su suerte a una política que pese a los años que lleva en esa profesión, no aprende a controlar sus ímpetus y confía en los menos confiables.

 

Vaya, la escena era tan dolorosa que hasta el mismo equipo y planilla de Jesús Zaldívar le lanzó una porra en señal de reconocimiento por la valentía de hacerle caso a dos políticos medianitos que la llevaron a hacer el ridículo.

 

Pobre Lupita, tan lejos del PAN y tan cerca de Genoveva y Alcántara.