El ascenso de la Inteligencia Artificial generativa (IA) revolucionó diversas esferas de la sociedad, pero a medida que esta tecnología se populariza, surge una creciente preocupación por su impacto al medioambiente. La IA utilizada para generar texto, imágenes y otros datos, requiere de enormes cantidades de electricidad y agua en su entrenamiento y funcionamiento. Esto llevó a temores sobre la huella de carbono que esto puede dejar, incluso superar la demanda de energía de algunos países.
Según un estudio del fundador de DigiEconomics, Alex de Vries, la IA puede tener gran impacto ambiental a medida que su demanda aumenta. Por ejemplo, una empresa de desarrollo de IA, Hugging Face, informó que su IA consumía suficiente energía durante el entrenamiento como para abastecer a 40 casas estadounidenses por un año.
El consumo de energía relacionado con la IA no se limita al entrenamiento, ya que su funcionamiento diario también requiere una gran cantidad de potencia de cálculo y energía. A pesar de los esfuerzos por mejorar la eficiencia, los avances tecnológicos a menudo aumentan la demanda de recursos, lo que se conoce como la "paradoja de Jevons".
Empresas como Google están incorporando la IA generativa en servicios como el correo electrónico y el motor de búsqueda, lo que podría resultar en un aumento en el consumo de electricidad. En el futuro cercano, se prevé un rápido crecimiento en la producción de servidores, lo que podría llevar a un aumento en el consumo eléctrico relacionado con la IA.
Este crecimiento de la IA planteó algunas preguntas sobre su gestión responsable y la necesidad de evitar su uso excesivo debido al intenso uso de energía que tiene. A medida que la IA continúa expandiéndose en la sociedad, la preocupación por la huella de carbono se vuelve otra prioridad.