Crece la riqueza mundial, pero crece más la desigualdad

Crece la riqueza mundial, pero crece más la desigualdad

El Programa de las Naciones Unidad para el Desarrollo (PNUD) publicó esta semana el Reporte de Desigualdad Mundial 2026 que elaboraron 200 académicos de diferentes países, se trata de la tercera edición a un estudio de 2018 y luego 2022. Los resultados son demoledores: la riqueza mundial ha aumentado sin precedentes, pero se ha concentrado en muy pocas manos, la desigualdad llegó a niveles nunca vistos, ¿De qué magnitud es la desigualdad?

 

La desigualdad refleja la distribución asimétrica de ingresos, recursos, procesos y oportunidades e implica múltiples dimensiones: empleo, educación, género, salud, medio ambiente, derechos democráticos y políticos, ámbitos jurídicos, etcétera. Aunque la desigualdad ha sido característica de las sociedades de clase: el esclavismo y el feudalismo, en el capitalismo las condiciones se han exacerbado. Esto quiere decir que el modelo económico dominante en la actualidad ha sido el más cruel e inequitativo en la historia de la humanidad.

 

Para entender la magnitud de la desigualdad actual imaginemos que el mundo tiene sólo 10 personas y la riqueza es un pastel, dividamos el pastel entonces en 10 rebanadas iguales. En condiciones de igualdad, a cada persona le tocaría una rebanada, sin embargo, en la realidad una persona se lleva 9 rebanadas y las otras 9 personas se quedan sólo con una rebanada para todos. Esto significa que el 10% de la población más rica controla el 90% de la riqueza; pero esto se agrava cuando vemos realmente a los multi-millonarios: 60 mil personas tienen la misma riqueza que 4 mil millones de personas, visto en porcentaje, la riqueza que concentra el 0.001% de la población equivale a la riqueza que posee el 50% de los habitantes del planeta, ¡es una locura!

 

La tendencia muestra que la riqueza de los billonarios del mundo se incrementa a un ritmo del 8% anual que es más del doble de la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto Mundial, entonces, ¿sí el planeta sólo produce en promedio 4% más de riqueza al año, de dónde sale el otro 4% que los billonarios incrementan? La respuesta es clara: del empobrecimiento de la gente. La riqueza de unos cuantos se incrementa a costa de la pobreza de la gran mayoría.

 

La pobreza tampoco se distribuye de forma homogénea, también hay profundas brechas, por ejemplo, las mujeres se empobrecen más que los hombres porque trabajan más y ganan menos; mientras que en países de Norte América la relación de ingresos (mujer-hombre) está 40-60%; en el medio Oriente y Norte de África la relación es 16-84%, sin variaciones significativas desde 1990, año en que se comenzó a medir este indicador.

 

Entre regiones también es bastante marcada la desigualdad. La gráfica siguiente compara el nivel de ingresos en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), es decir en el equivalente de moneda local con igual poder de compra. Mientras que una persona en el África subsahariana gana 300 euros en el sur de Asia se duplica a 600, pero en Europa es de 2,900 y en Norte América. Entonces, siguiendo el mismo principio que hemos enunciado más arriba podemos decir que el hombre es más rico a costa de la pobreza de la mujer y América del Norte y Europa son más ricos a costas de la pobreza del resto del mundo.

 

Elaborado con base en Reporte de Desigualdad Mundial 2026

 

El informe asume que la desigualdad es una elección política, por lo tanto, la solución está en la política, demuestran que la desigualdad es menor en países que redistribuyen la riqueza, gravan impuestos justos (paguen más los que más tienen) y priorizan la inversión social. Aunque los oligarcas de América Latina digan que esto es comunismo, la evidencia científica no miente. Así que, aunque no les parezca a las 10 familias más ricas del país que hicieron su fortuna a costa de la pobreza de los demás: que haya más becas para jóvenes y apoyos a las personas de la tercera edad; que los ricos no estén exentos de impuestos y que se sigan construyendo más trenes, hospitales y escuelas (aunque no haya rentabilidad, la obra social no busca eso).

 

¿Y para qué debiera un país combatir la desigualdad? Porque los países más desiguales son por naturaleza injustos y propician por tanto deterioro social, violencia, fragilidad institucional, favorecen al crimen organizado, los ambientes son más corruptos, hay mayores posibilidades de crisis, menores niveles educativos, menores niveles de desarrollo tecnológico, mayor deterioro ambiental y en la salud de las personas, menor nivel de bienestar. ¡Todo eso! Por lo tanto, la mejora en las condiciones de vida de los más pobres nos beneficia a todos. Así que, aunque también les duela a los oligarcas: “Por el bien de todos, primero los pobres”.

 

 

*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras

 

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