Entre la creencia y el escepticismo, las profecías que resurgen rumbo a 2026

Entre la creencia y el escepticismo, las profecías que resurgen rumbo a 2026

Foto: FreePik

Cada fin de año, las predicciones de videntes históricos y contemporáneos resurgen en medios y redes sociales, alimentadas por las ansiedades globales como conflictos armados, cambio climático, avances tecnológicos y crisis económicas.

 

Figuras como la búlgara Baba Vanga y el francés Nostradamus captan la atención con visiones que van desde catástrofes hasta reinicios espirituales. Aunque ninguna de estas profecías cuenta con respaldo científico ni registros verificables en muchos casos, su circulación refleja temores colectivos.

 

Baba Vanga, conocida como la “Nostradamus de los Balcanes”, no dejó registros escritos de sus visiones. Sus predicciones se transmitieron de forma oral y han sido reinterpretadas por seguidores y medios a lo largo del tiempo, lo que dificulta verificar su autenticidad. Para 2026, las versiones más difundidas apuntan a un posible primer contacto con vida extraterrestre, descrito como una “nave gigante” o una “luz en el cielo”, que podría manifestarse hacia noviembre.

 

 

Otra de las predicciones atribuidas a la vidente búlgara habla de un aumento de tensiones geopolíticas que podrían escalar hasta un conflicto global, con la participación de potencias como Estados Unidos, Rusia y China. Este escenario suele vincularse al actual contexto internacional marcado por disputas territoriales, rivalidades económicas y conflictos armados regionales.

 

Asimismo, se le adjudican visiones sobre desastres naturales extremos, incluyendo terremotos, erupciones volcánicas y fenómenos climáticos severos que afectarían diversas regiones del planeta. Estas interpretaciones suelen relacionarse con el cambio climático y el incremento de eventos meteorológicos extremos registrados en los últimos años.

 

El avance de la inteligencia artificial también figura entre las predicciones más citadas, señalando un impacto profundo en sectores clave de la economía, con dilemas éticos y una posible disrupción laboral. Paralelamente, se menciona una etapa de inestabilidad económica global, contrastada con avances médicos relevantes, como mejoras en trasplantes y detección temprana de enfermedades.

 

Medios internacionales y diversas publicaciones coinciden en estos ejes temáticos, aunque subrayan el carácter especulativo de dichas predicciones y la falta de fuentes directas verificables, lo que las coloca más en el terreno de la creencia popular que en el del análisis científico.

 

Por su parte, las cuartetas de Michel de Nostredame, publicadas en 1555, continúan siendo objeto de interpretaciones libres. Aunque no existen referencias explícitas al año 2026, algunos analistas asocian versos como “tres fuegos desde el este” o el “declive de Occidente” con tensiones geopolíticas entre Oriente y Occidente, así como con fenómenos extremos descritos como “fuego del cielo” o plagas.

 

A pesar de los escenarios adversos, algunas interpretaciones de Nostradamus destacan un cierre esperanzador, al mencionar que “las sombras caerán y el hombre de luz se alzará”, lo que se interpreta como la llegada de un liderazgo renovador o un periodo de transformación positiva.

 

No obstante, especialistas coinciden en que estas lecturas se adaptan al contexto actual y carecen de fechas precisas en los textos originales, por lo que deben asumirse con cautela.

 

¿Alguno ha acertado en años anteriores?

 

Los supuestos aciertos son debatidos, muchos son vagos, retrospectivos o no verificables. Seguidores de Baba Venga, le atribuyen el 11-S, Chernobyl o el ascenso de China, pero sin documentación contemporánea. Errores incluyen fechas apocalípticas fallidas.

 

 

Por parte de las profecías de Nostradamus, las cuartetas ambiguas se adaptan a eventos, pero expertos coinciden en que no hay predicciones fechadas precisas ni verificadas científicamente.

 

En conclusión, estas profecías entretienen y reflejan preocupaciones actuales más que visiones precisas. Expertos en escepticismo e historia las ven como producto cultural, no predictivo.

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