Con el inicio de 2026, los mexicanos no sólo enfrentan la resaca económica de las celebraciones navideñas, sino que también se topan con una serie de ajustes fiscales que, aunque pocos saben o han notado, ya están golpeando directamente el bolsillo de millones de familias.
Pocos lo saben, pero estos incrementos en impuestos y contribuciones, que no han sido ampliamente publicitados, encarecen bienes y servicios esenciales, agravando la presión sobre la economía doméstica en un entorno de inflación persistente y salarios que, aunque se incrementan, también se pulverizan.
Los principales ajustes fiscales que entraron en vigor en enero de 2026, y que pocos conocen en detalle, se centran en actualizaciones y aumentos al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), así como en aranceles a importaciones.
Uno de los ajustes más relevantes es el aplicado a las bebidas saborizadas y refrescos, el IEPS para bebidas con azúcares añadidos prácticamente se duplicó, al pasar de alrededor de 1.64 pesos a 3.08 pesos por litro. Además, por primera vez, las versiones “light”, “zero” o endulzadas con edulcorantes artificiales comenzaron a pagar un impuesto de 1.50 pesos por litro, lo que elimina la ventaja fiscal que mantenían frente a las bebidas tradicionales.
El tabaco y los cigarros también registraron un incremento considerable. Desde enero, la cuota fija del IEPS se ubicó en 0.8516 pesos por cigarro, acompañada de una tasa ad valorem que aumentó de 160 % a 200 %. Como consecuencia, muchas cajetillas ya superan los 100 pesos en puntos de venta, reforzando la tendencia alcista que el producto ha mantenido en los últimos años.
En el caso de los combustibles, las cuotas del IEPS se actualizaron conforme a la inflación y, para 2026, las cuotas aproximadas se ubican en 6.70 pesos por litro para la gasolina Magna, 5.66 pesos para la Premium y 7.36 pesos para el diésel. Aunque el gobierno federal aplica estímulos fiscales para evitar que el incremento se traslade por completo al precio final, especialistas advierten que persiste una presión al alza en los costos de transporte y logística.
Otro ajuste relevante es el aumento al impuesto especial para casas de apuestas, sorteos y juegos con dinero, tanto físicos como en línea. La tasa pasó de 30 % a 50 %, en un intento por aumentar la recaudación y regular una industria que ha crecido de manera acelerada en los últimos años, especialmente en plataformas digitales.
En materia de comercio exterior, se establecieron nuevos aranceles, que pueden alcanzar hasta el 50 %, para miles de productos provenientes de países con los que México no tiene tratado comercial, como China. La medida impacta productos como ropa, calzado, textiles, electrodomésticos y juguetes, lo que anticipa un encarecimiento generalizado de estos bienes para el consumidor final.
Finalmente, a partir de 2026 se implementó un nuevo gravamen del 8 % sobre la venta de videojuegos que contengan violencia extrema o contenido no apto para menores. El impuesto aplica tanto a copias físicas como digitales y se suma a los cambios fiscales que, en conjunto, configuran un inicio de año marcado por mayores cargas impositivas y un impacto directo en el bolsillo de los consumidores.
En conjunto, estos ajustes fiscales reflejan una estrategia orientada a incrementar la recaudación y regular sectores específicos del consumo, pero su efecto inmediato es un aumento en los precios de bienes y servicios de uso cotidiano.
Analistas advierten que, aunque algunos impuestos buscan “desincentivar” prácticas consideradas nocivas o proteger la industria nacional, el reto será contener su impacto en la inflación y en el poder adquisitivo de los hogares, especialmente en un contexto económico que aún enfrenta presiones internas y externas.