Soberanía, depositada en los cárteles delincuenciales

Soberanía, depositada en los cárteles delincuenciales

México es cada vez más tierra de nadie. Fracasa quien quiera explicar las decisiones (im)políticas del régimen de Cuarta… Transformación.

 

La soberanía, la seguridad y la justicia, los tres pilares esenciales del Estado, simplemente ya no persiguen objetivos superiores. No inspiran confianza a nadie. Forman un perfecto círculo cuadrado, que no tiene ni parece algo que esté pensado para beneficio de la población. Más bien, está diseñado para su avasallamiento, para permitir el entreguismo inmediato, ya puesto en marcha por la señora Claudia Sheinbaum.

 

Nuestra soberanía está vulnerada. Estamos frente a la pérdida, el debilitamiento del poder supremo del Estado sobre el territorio y población, ya sea por amenazas internas (como el crimen organizado, corrupción) o externas (interferencia extranjera, ataques cibernéticos), resultando en una incapacidad del gobierno para ejercer su autoridad plena y proteger a sus ciudadanos, lo que a menudo se traduce en violaciones de derechos humanos.

 

‎La razón de ser de todo Estado, ha dejado de existir en México. Nuestro país, si así queremos llamarle, está en un estado de excepción política. No hay un solo signo de vitalidad, casi ni de resuello, porque todo se maneja al compás de lo que toque el pandero, el dueño del oso, un espantajo como Donald Trump.

 

Los cuatroteros arguyen que el gobiernito hace frente a los sucesos internacionales. Yerra también si desea hacerlo a través de la suma de sus atribuciones políticas internas,‎ pues lo que hemos visto en siete años de pesadilla es la abdicación de las elementales responsabilidades del Estado.

 

El gobiernito mexicano se ha situado en tierra de abyección. Es absurdamente dependiente a las decisiones extra fronteras, bebe los alientos de sus ancestrales verdugos, y es absolutamente incompetente hacia adentro, en las materias básicas de seguridad y justicia. 

 

Sencillamente, las que podrían otorgarle su razón de ser.

 

Ningún país, de ninguna ideología, puede exigir de otros países respeto a sus decisiones soberanas, si antes no puede ejercer su derecho elemental a la subsistencia, que empieza por respetar los indicadores básicos de su gobernabilidad, decoro y confianza mínima. Las deprimentes calificaciones laborales, educativas, productivas, crediticias, económicas, diplomáticas y las que usted guste añadir así lo indican.

 

Y hoy la soberanía está depositada en los cárteles delincuenciales

 

La soberanía comprende sólo los intereses vitales,

 

Ya es inútil tratar de explicarle a la señora Sheinbaum –peor, que ella lo entienda-- que la soberanía de una Nación sólo se explica desde el punto de vista de las atribuciones que ejerza su Estado en el ámbito de su actividad. Parece una verdad de Perogrullo, pero ha costado demasiado tiempo y esfuerzo hacer que esta idea sea asumida y respetada, prevalezca erga omnes en tiempos de paz y de confrontaciones violentas en el mundo.

 

Lo anterior quiere decir que la naturaleza de la soberanía no es una competencia jurídica internacional, tampoco se deriva de una esfera de libre acción concedida por el derecho de gentes. La soberanía jamás podrá ser producto de una atribución delegada por un sistema ajeno, extraterritorial o superior a quien deba ejercerla.

 

Y esto es así porque el derecho internacional público se aplica directa y exclusivamente a los Estados, de donde se deduce que es indispensable el advenimiento de un acto especial de la voluntad del Estado, dirigido a otorgar validez interna a las normas extra fronteras. 

De la misma manera que “no puede haber soberanía sin petróleo ni finanzas” –si no, pregúnteles a los venezolanos e iraquíes a quienes recién “decapitó” Donald Trump–, un derecho interno contrario al internacional es un contrasentido. Lo que no debe ser, no puede ser.

 

Sí estamos en tierra de nadie. El verdadero alcance de la soberanía está integrado por todas aquellas cuestiones no sujetas a arbitraje o a la decisión de tribunales internacionales. La soberanía comprende sólo los intereses vitales, el honor, la independencia y el derecho constitucional de los Estados.

 

No puede haber conflicto de competencias entre la soberanía de un Estado y el derecho internacional, así como no hay un sistema internacional normativo de todos los actos posibles, pues como ya está dicho, la competencia de cada Estado no se adquiere por delegación. Más claro, ni el agua. Lo que no hagamos por nosotros mismos, nadie podrá hacerlo, bien dijo Juárez.

 

Regalar petróleo a Cuba ¿es soberanía?

 

No es posible que reclame soberanía un país que ha dejado en manos de los cuicos militares del Comando Norte y Sur el manejo de las seguridades pública, nacional y territorial.

 

No es posible que reclame soberanía un país que ha entregado todos los rubros de la justicia, civil, constitucional, político- electoral, mercantil, bursátil, económica, comercial, en manos de grupos de interés que medra a sus anchas en todos los tribunales, cortes, magistraturas y comisiones de cargo, atendiendo las indicaciones de sus patrones cuatroteros.

 

Una justicia de procuración, mazo y tolete al servicio de clanes familiares, de ejercicio y consigna clientelar para el mejor postor.

La ignorancia reiterada sobre estos asuntos elementales de política interna e internacional es ya desesperante.‎ Los aprendices de diplomáticos insisten en que las relaciones exteriores dependen de la buena voluntad de los yernos, o de la predilección que tenga un voraz negociante desquiciado sobre otros de su misma calaña.

 

En tanto exista el derecho internacional tienen que existir estados soberanos, decía Hermann Heller. Creer lo contrario “es retornar a la época de las cavernas y a la teoría de la preeminencia de los príncipes”. Parece que nos estaba viendo el maestro del estructuralismo jurídico internacional, usted sabe.

 

A la vera de esta concepción de política internacional universalmente aceptada estamos perdidos.‎ Nadie puede hacer nada por ayudar a los eminentes adoradores y discípulos del anacoreta de Casa “La Chingada”.

 

De entrada, están ponchados, y más vale que la señora Sheinbaum siga cortando listoncitos en medio de masacres del narcotráfico hacia donde vaya, mientras Estados Unidos condena la decisión “soberana” de seguir regalando nuestro petróleo a Cuba.

 

Indicios

 

Con variados aderezos, la señora Sheinbaum repite desde hace meses la misma cantaleta: "En 1914 hubo barcos de Estados Unidos que se apostaron en Veracruz y las mexicanas y los mexicanos dijimos que la independencia es algo fundamental para nuestra patria. Mucho ha costado. Por eso siempre decimos que cuando dialogamos con cualquier país del mundo, y en particular con Estados Unidos, podemos colaborar, podemos coordinarnos, somos vecinos, queremos a nuestros hermanos mexicanos que vivan bien del otro lado de la frontera, pero como he dicho: nos coordinamos, colaboramos, pero nunca nos subordinamos, somos dos países iguales, negociamos, trabajamos, pero hay algo que no está en negociación, y esa es la independencia y la soberanía de la patria", dijo el reciente sábado durante una gira por Guerrero. * * * Por hoy es todo. Vaya para usted mi sincero reconocimiento por haber leído este Índice Político. También reciba mis deseos de que siempre tenga ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

 

 

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