El Día de la Candelaria sigue siendo una de las tradiciones más queridas en México, con el "pago" de tamales después de la Rosca de Reyes, pero la inflación también ha pegado fuerte a los tamaleros en los últimos años y este 2026 no es la excepción.
Y es que de acuerdo a algunos reportes, los costos de producción han subido alrededor de un 18 % en promedio comparado con el año pasado, principalmente por el aumento en insumos clave como la masa de maíz, la manteca de cerdo, las hojas y los rellenos, situación que ha obligado a muchos tamaleros a ajustar precios gradualmente o a absorber parte de los costos para no perder clientes.
Este incremento en el precio de los insumos básicos ha impactado de manera directa a quienes se dedican a la elaboración y venta de tamales, como el caso de don Carlos, con 30 años de experiencia en este oficio, quien asegura que la situación se ha vuelto cada vez más complicada.
“Sí ha subido bastante la masa, las rajas, la carne, el mole, todo ha subido, cómo todo”, aseguró don Carlos, incluso afirmó que debido a estos incrementos el costo de su productos pasó de 15 a 18 pesos los tamales normales y de 20 a 25 pesos, los famosos "jarochos".
Mencionó que en algunas ocasiones ha intentado absorber parte de los costos para no perder a sus clientes; sin embargo, reconoce que la situación económica es cada vez más difícil y le es difícil sostener los precios.
“Si se da cuenta, no le subo mucho al precio; en algunos lugares los dan en 20 pesos los (tamales) normales, y a lo mejor dirán que solo son dos pesos, pero esa diferencia hace que no pierda clientes”.
Sin embargo, don Carlos subraya que la baja en las ventas es evidente, ya que recuerda que en años anteriores recibía pedidos de entre 100 y 200 tamales en esta época del año, mientras que actualmente apenas logra vender entre 50 y 60 al día.
A esta problemática se suma la pérdida gradual de la tradición, fenómeno que, asegura, está directamente relacionado con el aumento de precios y el menor poder adquisitivo de las familias.
“Haga usted la cuenta: en una reunión chiquita llegan más o menos de 10 personas, cada uno se come entre dos o tres tamales; de 30 tamales son más de 500 pesos, entonces prefieren comer otra cosa o, de plano, no hacer nada. La situación económica ha provocado también que se vayan perdiendo las tradiciones”.
Su jornada inicia todos los días a las cuatro de la mañana, cuando comienza la preparación de la masa, y concluye alrededor de las once, una vez que termina de vender sus productos. Pero el trabajo no se detiene ahí, ya que debe prepararse para repetir la misma rutina al día siguiente.
Pese a las dificultades, Don Carlos continúa con su labor, aferrado a un oficio que ha marcado su vida por tres décadas, pero que hoy enfrenta uno de sus momentos más complicados ante el encarecimiento de los insumos y el cambio en los hábitos de consumo.
“No nos queda más que aguantar, esperemos que la situación mejore. Imagine todo lo que he vivido en 30 años en este negocio, vendrán tiempos mejores”, afirmó.