La narcocultura seguirá en el imaginario popular, aun con la caída de “el Mencho”

La narcocultura seguirá en el imaginario popular, aun con la caída de “el Mencho”

Foto: Netflix, Vive!, bereblog96

La narcocultura en México ha experimentado un nuevo impulso tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. 

 

El hecho desató una ola inmediata de violencia con narcobloqueos, incendios y disturbios en distintos estados, pero también reactivó el debate sobre la vigencia y alcance de la narcocultura en el país. 

 

Este fenómeno, entendido como el conjunto de expresiones artísticas, estéticas y aspiracionales que giran en torno al narcotráfico, ha permeado durante décadas el entretenimiento, la moda y la construcción simbólica del “éxito” en amplios sectores sociales.

 

Esta ideología no surgió de la nada ni se limitó al ámbito criminal; en la televisión, series como El Señor de los Cielos, La Reina del Sur o Narcos colocaron a los capos en el centro de narrativas que mezclaban violencia, poder y sofisticación, convirtiéndolos en protagonistas carismáticos que marcaron conversación y audiencia.

 

En la música, los narcocorridos evolucionaron hacia nuevas vertientes que mantuvieron viva la exaltación del “jefe”, las armas y el dinero fácil, ampliando su alcance entre generaciones más jóvenes, las letras no sólo relataban historias, sino que construían una estética aspiracional vinculada al riesgo y al lujo.

 

Incluso, la forma de vestir reflejó esa influencia, camisas ostentosas, botas vaqueras, cinturones llamativos, joyería pesada y vehículos de alta gama se consolidaron como símbolos visibles de estatus asociados al imaginario del narcotráfico. 

 

Así, la narcocultura dejó de ser un fenómeno marginal para instalarse, durante un tiempo, como referencia estética y narrativa en amplios sectores de la sociedad.

 

Pero, lejos de desaparecer, se ha transformado y adaptado a los nuevos canales de consumo digital: en 2026, los corridos tumbados o bélicos dominan buena parte del regional mexicano, fusionando narrativas de lujo, poder y violencia con sonidos urbanos que conectan con audiencias masivas en plataformas como TikTok e Instagram. 

 

Paralelamente, las series sobre capos continúan como contenidos exitosos en servicios de streaming, mientras que la llamada “moda tumbada”, como ropa de marca, joyería ostentosa, tatuajes visibles y vehículos de alta gama, se mantiene como símbolo aspiracional en redes sociales. 

 

La muerte de “el Mencho” podría alimentar nuevas producciones musicales o audiovisuales que refuercen esta narrativa, evidenciando la rapidez con la que estos acontecimientos se integran al imaginario popular.

 

Especialistas advierten que el impacto es particularmente profundo entre adolescentes y jóvenes, sobre todo en regiones marcadas por la violencia y la precariedad. En contextos de marginación, el narco se presenta como un atajo hacia el estatus y la movilidad social, lo que puede alterar aspiraciones educativas y normalizar conductas de riesgo

 

La discusión pública vuelve a centrarse en si deben imponerse restricciones a ciertos contenidos o si el problema exige estrategias más amplias que atiendan desigualdad, falta de oportunidades y debilidad institucional. 

 

Sin embargo, más allá de coyunturas como la caída de un líder criminal, la narcocultura sigue vigente y plantea un desafío estructural para el tejido social mexicano.

 

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