Chedraui: Qué lástima. Qué cinismo. Qué desvergüenza

Chedraui: Qué lástima. Qué cinismo. Qué desvergüenza

El sujeto que ocupa -porque “gobernar” es una palabra muy fuerte- la silla de la presidencia municipal, José Chedraui, debería hacer lo que cualquier persona con un mínimo de decencia haría: renunciar por inepto, empacar sus ilusiones de reelección y largarse a chi… su casa. 

 

Pero para renunciar se requiere vergüenza y, al parecer, esa emoción compleja y dolorosa escasea en el inventario personal del alcalde. ¿O usted qué opina? Día con día, desde el gobernador hasta el ciudadano más humilde coinciden en lo mismo: Chedraui es un inepto, indolente y holgazán. Y no es un coro opositor, sino un consenso popular que ya ni los más fieles defensores de Morena se atreven a negar en voz baja. 

 

Y es que la capital de Puebla, esa que presume ser “imparable”, parece más bien estancada en el fango de la inacción municipal. Ante la creciente molestia política y social que lo rodea como un enjambre de avispas, a Chedraui le debería arder la cara. Pero no, porque tiene la cara muy dura, más dura que el asfalto que le da flojera reparar. 

 

Su cinismo es tanto, que alcanzaría un Récord Guinness, justo como esa rosca de Reyes kilométrica que organizó con bombo y platillo, mucha foto, mucho aplauso comprado, pero al final quedó a deber a los que elaboraron ese pan. Y es que mientras cortaba la rosca gigante para la foto, la ciudad “brillaba” con baches, extorsiones y promesas vacías.

 

Nunca, en la historia reciente de Puebla, una autoridad había sido señalada con tanta vehemencia por ineficiencia y desvergüenza. Sí, porque oiga usted: al parecer Chedraui anda de vacaciones. Si, así como lo lee, mientras la ciudad está de cabeza -tanto que el Gobierno Estatal tiene que ponerse a hacer el trabajo del municipio- el señor alcalde decide tomarse un “merecido” descanso. ¡Qué cachetón!

 

Por esa razón, el gobernador una y muchas veces tiene que salir a recordarle sus pendientes, como si fuera un niño burro que no estudia y sale reprobado. Y el ciudadano común, ese que paga impuestos y espera servicios básicos, celebra la intervención del Estado, pero explota de frustración cuando oye al descarado Chedraui vociferar sus frases idiotas: “siempre hay espacio para mejorar”, “estamos trabajando 24/7”, “Puebla es imparable”

 

Sí, son palabras que suenan a consuelo barato para quien no tiene nada más que ofrecer. Mientras tanto, las juntas auxiliares están en el abandono, la seguridad es casi similar a una ciudad fronteriza y la sociedad está que trina por la inacción de Chedraui.

 

Desde siempre se vio que al “señor alcalde” le quedaba grande el cargo y la responsabilidad le pesaba como plomo; por ello, al mentado Chedraui sólo le queda renunciar e irse.

 

Porque seguir ahí, con esa cara dura y esa sonrisa de campaña permanente, sólo demuestra una cosa: la vergüenza no es parte de su ADN político. Puebla merece algo mejor que un monigote que colecciona críticas, mientras otras autoridades coleccionan logros. Puebla merece alguien que trabaje, no que finja demencia. Merece acción, no excusas estúpidas como “siempre hay tiempo para mejorar”.

 

Mientras tanto, la capital sigue esperando. Y la cara de Chedraui, impasible, sigue sin arder. Qué lástima. Qué cinismo. Qué vergüenza. ¡Hasta da pena ajena!