En vísperas del Día del Trabajo, el mercado laboral en Puebla refleja un contraste persistente: mientras la capital reporta un incremento en empleos formales registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el estado se mantiene entre las entidades con mayor nivel de informalidad en el país.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI al cuarto trimestre de 2025, alrededor de 2.2 millones de poblanos trabajan en la informalidad, lo que equivale a 72.1 % de la población ocupada.
Aunque la informalidad laboral suele asociarse con el comercio ambulante, este fenómeno abarca una gama mucho más amplia de actividades.
Según la metodología del INEGI, incluye no solo a quienes laboran en micronegocios no registrados, sino también a trabajadores sin acceso a seguridad social, prestaciones o reconocimiento formal de su relación laboral.
En Puebla, de los 2.2 millones de ocupados informales, cerca de 1.1 millones se concentran en el llamado sector informal, mientras que el resto corresponde a otras modalidades, como empleo agropecuario de subsistencia, trabajo doméstico sin prestaciones o incluso puestos dentro de empresas formales sin afiliación al IMSS.
Entre las actividades con mayor presencia de empleo informal destacan la agricultura y el sector primario, con jornaleros, pequeños productores y trabajo familiar no remunerado; el comercio al por menor en tianguis, mercados y pequeños negocios; la construcción, con albañiles y trabajadores eventuales; así como los servicios personales, que incluyen trabajo doméstico, oficios y reparaciones.
También se suman empleos en alimentos, transporte y turismo, además de actividades de manufactura y micronegocios, como talleres textiles o artesanales que operan desde el hogar.
Estas ocupaciones suelen caracterizarse por ingresos variables, ausencia de prestaciones como aguinaldo o vacaciones, y falta de protección ante riesgos laborales, lo que coloca a millones de trabajadores en condiciones de vulnerabilidad.
Para muchos, sin embargo, la informalidad no es una opción, sino una necesidad y en algunos casos, también representa una forma de autonomía.
Es el caso de José Vázquez, jardinero, quien desde hace años trabaja por su cuenta en distintas colonias, y para él, el 1 de mayo no es un día de descanso.
“Nosotros tenemos que chambear porque hay que buscar el pan de cada día. Solo descansamos el domingo”, comenta para Imagen Poblana, mientras corta el pasto en una vivienda donde ofrece sus servicios.
José comenzó en este oficio desde los 13 años, con el tiempo, no solo se convirtió en su principal fuente de ingresos, sino en una actividad que disfruta.
“Me gusta mi chamba. Gracias a Dios de aquí sale para todo, alcanza para chalán, alcanza para traer un carrito honesto y aquí andamos a sus órdenes de toda la colonia”, afirma.
Aunque reconoce que no continuó con sus estudios, asegura que el trabajo le ha permitido salir adelante. Sus ingresos mensuales rondan entre los 12,000 y 13,000 pesos, trabajando de lunes a sábado, lo que le permite sostener sus gastos cotidianos.
A diferencia de un empleo formal con horarios fijos, valora la posibilidad de organizar su propio tiempo y la cercanía con sus clientes. "Sí, pues le digo gracias a Dios, con eso nos sostenemos, como que no me llama la atención otra chamba".
En un contexto donde la informalidad laboral sigue siendo una constante para millones de personas, historias como la de José reflejan una cara distinta del trabajo: la de quienes, más allá de prestaciones o días feriados, encuentran en su labor diaria una forma de subsistencia y, en algunos casos, también de estabilidad.