Agua de Puebla y el teatro de la eficiencia

Agua de Puebla y el teatro de la eficiencia

Foto: Enfoque

Agua de Puebla Para Todos se autopromociona como una empresa casi de clase mundial que ofrece un servicio de primera, sin fallas, a los poblanos; en sus comunicados y comparecencias presume cifras alegres, obras constantes y una supuesta eficiencia que garantizaría agua confiable. 

 

Pero la realidad, como siempre, es otra, promete el oro y el moro con promociones de cobro anticipado, promete lo que no cumple y castiga con la sequía a quienes ya pagan. 

 

Y es que mientras la empresa difunde sorteos, “descuentos” y asistencias del director a congresos y reuniones “para mejorar el servicio”, las colonias siguen sufriendo

 

Tomemos como ejemplo algunas zonas cercanas a Walmart San Manuel, cuyos nombres se omiten aquí para evitar represalias vía cortes selectivos. Ahí el agua llega una vez por semana, cuando hay suerte; si al operador no le da la gana o si el obrero que abre las llaves decide otra cosa o simplemente “no hay presión”, el líquido nada más no aparece o apenas corre un par de horas

 

Promesas de “obras permanentes” que supuestamente garantizarían abastecimiento continuo resultan humo. 

 

Pero lo más patético ocurrió el 20 de marzo de este año; ese día, el director general Jordi Bosch Bragado compareció ante el Congreso del Estado para hablar y hablar de cifras alegres: más hectómetros cúbicos, miles de beneficiados, colonias históricamente olvidadas que ahora tendrían mejor servicio y, casualmente, en esas mismas colonias cercanas a San Manuel llegó el agua con un caudal envidiable, durante varias horas, en un día en que habitualmente no “cae”. 

 

El timing fue tan perfecto que parecía coreografiado para presumir eficiencia del tal Jordi ante los legisladores.

 

Es evidente que Agua de Puebla sí es eficiente en una cosa: en mandar recibos puntuales, en promocionar cobros anticipados y en publicitar sorteos, también en justificar los viajes y comparecencias del “jefe”

 

Pero a la hora de abrir las llaves de forma regular y equitativa, la historia cambia, los poblanos pagan por un servicio de primera y reciben tandeo de tercera.

 

Mientras el director general -de nombre chistoso- y su equipo celebran avances en foros, miles de familias siguen cargando garrafones, racionando el agua de la pipa que cuesta casi $1,000 o bañándose con cubetas. 

 

La empresa puede invertir en imagen y en discursos optimistas, lo que no puede - o no quiere - es cumplir la promesa básica de que siempre haya agua.

 

Es momento de que las autoridades de regulación exijan resultados reales, no sólo presentaciones con números bonitos; los poblanos merecen algo más que teatro, merecen agua.

 

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