Las declaraciones del secretario de Educación Pública, Mario Delgado, quien afirmó que “las escuelas no son lugares de resguardo” ni guarderías, reavivaron un debate sobre el papel de las instituciones educativas y la falta de infraestructura pública para el cuidado infantil en México.
La controversia surgió en medio del anuncio del adelanto del fin del ciclo escolar 2025-2026 al 5 de junio, una medida relacionada con las altas temperaturas y ajustes logísticos rumbo al Mundial de Futbol 2026.
Para miles de familias trabajadoras, especialmente aquellas donde ambos padres laboran jornadas completas, el cierre anticipado de clases volvió a poner sobre la mesa una pregunta recurrente, ¿quién cuida a las niñas y niños cuando la escuela deja de funcionar como espacio de acompañamiento cotidiano?
El debate conecta inevitablemente con una decisión tomada durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, cuando en 2019, el gobierno federal eliminó el Programa de Estancias Infantiles para Madres Trabajadoras, creado durante la administración de Felipe Calderón.
El argumento oficial fue la existencia de irregularidades, sobreinscripciones y riesgos de corrupción dentro del esquema subrogado, además de antecedentes como la tragedia de la Guardería ABC en Sonora.
El programa fue sustituido por apoyos económicos directos entregados a madres, padres o tutores, bajo la lógica de que las familias tendrían libertad para decidir cómo cuidar a sus hijos; sin embargo, organizaciones advirtieron desde entonces que la desaparición de miles de estancias redujo la oferta pública de cuidado formal, afectando principalmente a mujeres trabajadoras, familias de bajos ingresos y personas empleadas en la informalidad.
Ahora, el gobierno de Claudia Sheinbaum busca reconstruir parte de esa infraestructura mediante los Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI), impulsados principalmente por el IMSS como parte del Sistema Nacional de Cuidados.
La administración federal insiste en que los CECI no serán “guarderías” tradicionales, sino que el modelo apuesta por atención integral, educación inicial, cuidado afectivo y protocolos estrictos de seguridad, además de operación pública directa para evitar los esquemas de subrogación privada que fueron duramente cuestionados en el pasado.
La meta oficial contempla construir 1,000 centros entre 2025 y 2030 en más de 500 municipios del país, con la intención de casi duplicar la capacidad de atención infantil del IMSS, pasando de aproximadamente 235,000 espacios a cerca de 500,000 para niñas y niños de 43 días de nacidos hasta los cuatro años.
Para 2026 se prevé la construcción de alrededor de 200 CECI; los primeros avances ya se observan en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde el primer centro del IMSS podría entrar en operación en enero próximo, enfocado especialmente en hijos de trabajadoras de la industria maquiladora, al igual se han anunciado proyectos en estados como Guanajuato.
No obstante, la estrategia aún está en fase inicial y lejos de alcanzar la cobertura nacional prometida; algunas voces señalan que la necesidad de servicios de cuidado infantil sigue siendo enorme en México.
Diversos análisis sostienen que el acceso al cuidado formal continúa siendo limitado y desigual. Históricamente, las guarderías públicas apenas alcanzaban a cubrir una fracción de la demanda potencial.
Además, gran parte del trabajo de cuidado sigue recayendo desproporcionadamente en las mujeres, lo que limita sus oportunidades laborales y económicas.
Algunos especialistas también advierten que los nuevos CECI podrían concentrarse principalmente en población afiliada al IMSS, dejando nuevamente rezagadas a familias en condiciones de informalidad laboral, precisamente uno de los sectores más afectados tras la desaparición de las estancias infantiles.
Mientras tanto, la discusión pública permanece abierta; para algunos sectores, las palabras de Mario Delgado reflejan una visión estrictamente académica de la escuela, para otros, evidencian una realidad social en la que los planteles educativos terminan funcionando también como espacios de apoyo cotidiano para millones de familias trabajadoras.
En ese contexto, el éxito de los CECI dependerá no solo de su construcción, sino de su capacidad para responder a una necesidad estructural del país, garantizar cuidado infantil seguro, accesible y suficiente para una población que durante años ha enfrentado la falta de alternativas públicas.