Más años de vida no garantizan salud cerebral en la nueva longevidad

Más años de vida no garantizan salud cerebral en la nueva longevidad

Foto: Magnific, Sergio F Cara

Vivir más años ya no garantiza conservar autonomía, memoria y salud cerebral durante toda la vejez. El aumento de la longevidad abrió un nuevo reto sanitario: reducir los años vividos con deterioro cognitivo, dependencia y enfermedades neurológicas.

 

A escala global, la esperanza de vida al nacer llegó a 73.3 años en 2024 y Naciones Unidas proyecta un promedio de 77.4 años hacia 2054. Esa tendencia implica generaciones con más años después de los 60, pero también con mayor exposición a enfermedades asociadas al envejecimiento.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que una persona de 60 años, al inicio de la Década del Envejecimiento Saludable, podía esperar en promedio otros 22 años de vida. El mismo documento advierte que existe poca evidencia de que los adultos mayores actuales tengan mejor salud que generaciones previas.

 

El problema no se limita a vivir más tiempo, sino a cuántos de esos años se viven con capacidad funcional. La OMS plantea que los beneficios de la longevidad dependen del envejecimiento saludable, mientras los años adicionales dominados por mala salud, aislamiento o dependencia generan efectos negativos para personas y sociedades.

 

La demencia concentra parte de esa presión. En 2021, 57 millones de personas vivían con demencia en el mundo y cada año se registran cerca de 10 millones de casos nuevos, según la OMS. Además, el organismo la ubica como la séptima causa de muerte y una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre adultos mayores.

 

El costo social también recae sobre familias y cuidadores. La OMS estimó que en 2019 la demencia costó 1.3 billones de dólares a las economías globales, con cerca de la mitad atribuida al cuidado informal. Ese apoyo suele recaer en familiares o personas cercanas, con un promedio de cinco horas diarias de cuidado y supervisión.

 

La salud cerebral gana centralidad porque el deterioro cognitivo afecta decisiones, movilidad, convivencia, trabajo y autonomía cotidiana. La OMS describe la demencia como un conjunto de enfermedades que deterioran memoria, pensamiento y capacidad para realizar actividades diarias, con síntomas que empeoran con el tiempo. Coincidiendo, el Hospital Houston Methodist asegura, la demencia no es una enfermedad, sino un conjunto de síntomas causados por diversos factores. Se caracteriza por un deterioro cognitivo, como la pérdida de memoria y de la capacidad de razonamiento, lo suficientemente grave como para interferir en la vida diaria. También pueden presentarse cambios en la personalidad, el estado de ánimo y el comportamiento.

 

El enfoque preventivo toma fuerza ante factores modificables. La OMS identifica riesgos como hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo, consumo nocivo de alcohol, inactividad física, aislamiento social y depresión. También señala que la edad es el principal factor de riesgo, aunque la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento biológico.

 

La Comisión Lancet de 2024 amplió a 14 los factores de riesgo modificables y estimó que cerca de 45% de los casos de demencia podrían retrasarse o prevenirse mediante intervenciones a lo largo de la vida. Entre los factores añadidos aparecen colesterol LDL alto y pérdida visual no tratada.

 

En ese contexto, Isora Neurociencia plantea tratamientos personalizados basados en neurociencia, medicina de precisión y biomarcadores epigenéticos. La institución sostiene que estos análisis permiten conocer cómo alimentación, sueño, estrés y estilo de vida se relacionan con la salud cerebral de cada persona.

 

Para el Dr. Hernán Cerna, presidente y director académico de Isora Neurociencia, la prevención debe iniciar antes de los primeros síntomas. "Muchas personas viven agotadas, inflamadas, ansiosas o con síntomas que nadie logra explicar. Nosotros trabajamos desde el origen biológico, neurológico y emocional de cada persona", explicó el especialista.

 

La preocupación por el envejecimiento ya no se concentra solo en la salud cardiovascular. Factores como presión arterial, glucosa, colesterol, actividad física y peso corporal también se relacionan con el riesgo cognitivo, lo cual vincula prevención metabólica, vascular y neurológica en una misma agenda sanitaria.

 

Isora Neurociencia también incorpora la neuroplasticidad dentro de su enfoque preventivo. "El cerebro cambia físicamente cuando aprendemos algo nuevo, y estas transformaciones continúan ocurriendo toda la vida", señala una premisa difundida por la institución al abordar aprendizaje, hábitos y bienestar cerebral.

 

La Asamblea Mundial de la Salud extendió en mayo de 2025 el plan global de respuesta a la demencia hasta 2031. La decisión mantiene la atención internacional en diagnóstico, reducción de riesgo, apoyo a cuidadores y sistemas de información para enfrentar el impacto sanitario del deterioro cognitivo.

 

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