Del Beltway Sniper a la Vía Atlixcáyotl: lunáticos disparando al azar

Del Beltway Sniper a la Vía Atlixcáyotl: lunáticos disparando al azar

Foto: Magnific

El caso del tirador de la Atlixcáyotl ha llamado la atención por tratarse de un fenómeno atípico en México; a diferencia de la mayoría de los ataques con armas de fuego registrados en el país, que suelen estar relacionados con el crimen organizado, disputas personales o ajustes de cuentas, las agresiones registradas en esta importante vialidad poblana tenían como blanco a conductores elegidos al azar.

 

La manera de operar del responsable, un anciano millonario y locuaz, convirtió a la Vía Atlixcáyotl en una zona de incertidumbre para miles de conductores que diariamente utilizan esta arteria, pues las víctimas no mantenían relación alguna entre sí y los ataques ocurrían sin un patrón aparente.
 

 

Y es precisamente la aparente selección aleatoria de las víctimas lo que lleva a recordar uno de los antecedentes más conocidos de este tipo de ataque ocurrido en 2002 en Washington D.C., Maryland y Virginia, cuando John Allen Muhammad y Lee Boyd Malvo, conocidos como los “Beltway Snipers”, asesinaron a diez personas e hirieron a tres más durante tres semanas. 

 

Los agresores disparaban desde un automóvil modificado y elegían víctimas completamente al azar en gasolineras, estacionamientos y zonas cercanas a carreteras. El miedo fue tal que las escuelas modificaron actividades y miles de personas cambiaron sus rutinas por temor a convertirse en el siguiente objetivo.

 

Otro episodio similar ocurrió en Phoenix, Arizona, en 2015, donde una serie de disparos contra vehículos que circulaban por autopistas generó alarma en toda el área metropolitana. Al menos once automóviles fueron atacados, obligando incluso a modificar rutas del transporte escolar y desplegar operativos especiales para localizar al responsable.

 

 

En Columbus, Ohio, entre 2003 y 2004, Charles McCoy Jr. fue relacionado con más de una decena de ataques contra automovilistas que circulaban por la Jack Nicklaus Highway. Una mujer perdió la vida y varias personas resultaron heridas. 

 

Las autoridades lograron vincular todos los hechos mediante estudios balísticos y posteriormente determinaron que el agresor padecía problemas mentales.

 

También existen antecedentes más recientes, en Seattle y Tacoma, en 2024, un hombre fue acusado de disparar contra diversos vehículos que circulaban por la Interestatal 5 durante una sola noche, dejando varios heridos. Según la investigación, el sospechoso aseguró actuar bajo ideas delirantes de persecución.

 

 

California también ha enfrentado diversas oleadas de ataques conocidos como “freeway shootings”, con disparos dirigidos contra vehículos en autopistas de la Bahía de San Francisco y otras regiones. Aunque algunos estuvieron relacionados con pandillas o incidentes de violencia vial, otros fueron completamente aleatorios, obligando al cierre temporal de carreteras y al reforzamiento de la vigilancia.
 

 

Especialistas en seguridad coinciden en que este tipo de agresores provocan un impacto psicológico mayor al de otros delitos, debido a que convierten espacios cotidianos como carreteras y autopistas en lugares impredecibles y peligrosos. 

 

La ausencia de un perfil específico de víctima genera temor entre toda la población, modifica hábitos de movilidad y obliga a desplegar importantes recursos policiales.

 

El caso de Puebla comparte varias características con estos antecedentes internacionales: ataques aleatorios, un agresor que aprovechaba el anonimato del tránsito vehicular y una población que comenzó a modificar sus recorridos por miedo a ser alcanzada por un disparo.

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