La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), máxima casa de estudios del país, en un suceso inédito, tiene en suspensión el proceso de inscripción para estudiantes de nuevo ingreso. Un supuesto “mega-fraude” en el proceso de admisión puso a la universidad en crisis, pero, ¿en realidad esta crisis es el reflejo de una gran crisis en el sistema universitario de Occidente? Aquí lo explicamos.
Estudiar en la UNAM es el objetivo anual de miles de personas. La alta demanda comparada con los cupos disponibles hace que el proceso sea bastante competitivo. Por ejemplo, este año había poco más de 50 mil lugares disponibles en el total de las carreras, menos los estudiantes que provienen de los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) y la Escuela Nacional Preparatoria que pueden entrar por pase reglamentado (estudiantes con promedio mayor a 7.0 y que no adeuden materias ingresan a nivel licenciatura sin hacer examen), quedaban disponibles 21,962 lugares. Si hicieron el examen 158,712 aspirantes, hubo una tasa de rechazo del 86%, esta cifra es similar al año pasado, pero en este periodo algo fue diferente: el examen de admisión no fue presencial sino en línea.
Hasta 2025 para entrar a la UNAM se debía responder un examen que elaboraba la propia universidad, una prueba estandarizada de conocimiento general con 120 preguntas de opción múltiple. El aspirante debía acudir presencialmente a alguna de las sedes del examen donde no se permitía el uso de apoyos, libros, celulares ni computadoras. Este año, el examen de admisión se hizo en línea y aunque había diferentes reglas y candados tecnológicos que costaron 41 millones de pesos, la realidad es que la prueba fracasó, hubo muchos fraudes, de forma directa la UNAM detectó y anuló más de 2 mil exámenes, pero fueron más.
Desde luego, los defraudadores no se imaginaban siquiera que serían delatados por aquello de lo que carecen. La ciencia nos revela las claves del fraude. Si colocamos de forma ordenada el número de aciertos de los aspirantes tendremos una gráfica que en Estadística llamamos “Distribución de Frecuencias” y es la radiografía del comportamiento, porque, aunque las pruebas cambian año con año, el promedio de aciertos coincide en un mismo rango. En condiciones “normales” (Figura 1) la frecuencia de aciertos representa una curva que es primero plana porque es casi imposible que una persona conteste mal todas las respuestas, incluso, aunque no supiera nada y se responda al azar, al ser un examen de opción múltiple, existe una probabilidad de tener al menos un 25% de aciertos. El promedio de aciertos se acercaba en torno a las 60 preguntas y la mayoría de las personas (moda) contestaba bien menos que el promedio. Muy pocas contestaban bien más del promedio (lado derecho).
Este año, la curva de distribución de frecuencias cambio drásticamente (Figura 2). Hubo dos picos, el primero, más pequeño donde antes estaba la media (los alumnos que pudieron responder regularmente el examen) y un pico más alto (más personas) sobre los 86 aciertos. La media está por debajo de esta moda, lo que significa que también hubo personas que no obtuvieron ningún acierto. Podemos decir que son defraudadores porque es improbable que en un solo año, el número de personas con muchos aciertos haya aumentado significativamente, se hayan presentado dos picos en la distribución y existan individuos sin aciertos, muy probablemente eran personas conectadas con acceso al examen pero que pasaban las respuestas a otras personas. Esta anomalía en la distribución no debe pasar desapercibida y muy seguramente la comisión terminará por anular la prueba y repetir el proceso en otras condiciones.
Figura 1. Distribución de aciertos en un examen de admisión en “condiciones normales”

Elaborado con IA
Figura 2. Distribución de aciertos en el examen de admisión en línea de este año

Elaborado con IA
Pero esa solución no bastará, se ha abierto la caja de Pandora y ahora es preciso cuestionarnos por qué la crisis que hoy vive la UNAM es la crisis de todo el sistema universitario, esbozaremos algunos puntos:
- ¿Hacemos un examen de admisión para que entren los más “capaces”, los mejores “preparados”? Pero esas capacidades que medimos en el examen ya son fácilmente sustituidos por la Inteligencia Artificial (IA) a la que muchos recurrieron en la prueba. El problema no es de los aspirantes, la prueba que se aplica ya no es pertinente. ¿Por qué queremos que el aspirante sepa respuestas a preguntas que la IA ya puede responder más rápidamente?
- La universidad no ha considerado, con seriedad, más allá de los panfletarios discursos emotivos sobre IA, la incidencia real de esta tecnología y demuestra que se encuentra sumamente atrasada, incapaz de responder a los retos generacionales presentes. No solo la UNAM, todas las universidades occidentales que seguimos el mismo paradigma educativo.
- Sigue manifiesta la brecha de exclusión educativa, que ahora además compromete la ética y la moral de los aspirantes. Si el aspirante ha pasado por encima de todos los valores de honestidad y decencia para hacer trampa y obtener un lugar en la universidad no es un problema del individuo, la estadística nos dice que es un problema estructural.
Esto significa que todos los universitarios, no sólo en la UNAM, debiéramos estar en una reunión de urgencia (porque cuando la convocamos con tiempo muchas autoridades andaban durmiendo) para definir ¿qué tipo de estudiante queremos? (proceso de selección), pero también ¿para qué los queremos?, es decir, ¿qué vamos a hacer con ellos 4 o 5 años? (planes y programas de estudio).
Hemos llegado al punto sin retorno: o empezamos una transformación educativa real o terminará siendo revelado que ya estamos rebasados en muchos otros aspectos: las tareas académicas, la medición del aprovechamiento, la titulación, los méritos académicos, la formación real de profesionistas, los procesos de investigación, el impacto real de la universidad en la sociedad y un largo etcétera que trastoca las funciones históricas de la universidad.
*Profesor-Investigador Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras
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