Más de 60.000 toneladas de prendas descartadas se acumulan cerca de comunidades chilenas y agravan una emergencia ambiental con alcance regional. Imágenes satelitales muestran que el depósito continúa expandiéndose mientras nuevos cargamentos ingresan cada semana al circuito comercial.
La acumulación se encuentra junto a Alto Hospicio, en la región de Tarapacá, cerca del desierto de Atacama. SkyFi, plataforma especializada en imágenes satelitales, confirmó la magnitud del sitio mediante tomas de alta resolución.
"Podemos confirmar que la enorme pila de ropa en el desierto de Chile existe y está creciendo", señaló la empresa. Camisetas, pantalones, abrigos, calzado y accesorios cubren amplias extensiones de terreno en una de las regiones más áridas del planeta.
Buena parte de esas prendas sale de Europa y llega al puerto de Iquique mediante cargamentos destinados a la reventa. La Zona Franca de Iquique permite almacenar mercancías sin pagar impuestos mientras permanecen en tránsito hacia otros mercados sudamericanos.
Esto no solo ocurre con la alimentación, también con la electrónica o la ropa, en el desierto de Atacama (Chile) miles de toneladas de ropa a estrenar de grandes tiendas son arrojadas por la industria textil occidental.
— Daniel Mayakovski (@DaniMayakovski) May 5, 2026
Aquí es donde acaba la ropa de Occidente, llevan su basura… https://t.co/RGwIkllkFF pic.twitter.com/QIhO2am9Rc
Importadores seleccionan los artículos con mayor valor comercial y distribuyen aquellos que todavía pueden venderse como ropa de segunda mano. Sin embargo, prendas deterioradas, excedentes nuevos y productos fuera de temporada quedan sin compradores y pierden cualquier posibilidad de comercialización.
Europa alimenta el comercio mundial de ropa usada
La Unión Europea concentra 30% de las exportaciones mundiales de ropa usada, según un informe de Naciones Unidas publicado en 2024. Reino Unido representa 16% del total, mientras Estados Unidos participa con 15% de los envíos internacionales.
Cada habitante de la Unión Europea compra aproximadamente 26 kilos de textiles anuales y desecha alrededor de 11 kilos. Estas cifras del Parlamento Europeo reflejan el volumen generado por colecciones frecuentes, precios bajos y periodos de uso cada vez más cortos.
El comercio mundial de ropa de segunda mano se multiplicó por siete durante las últimas cuatro décadas. Parte de esos productos encuentra nuevos propietarios, aunque grandes cantidades terminan en países receptores sin infraestructura suficiente para procesar los residuos.
Retirar, reciclar o eliminar esos productos mediante procedimientos regulados implica costos superiores a su valor comercial. Como resultado, operadores abandonan fardos completos en terrenos desérticos, donde algunos residuos también son enterrados o incendiados.