De la Espriella convierte su investidura en Cali en la primera señal de su nuevo gobierno

De la Espriella convierte su investidura en Cali en la primera señal de su nuevo gobierno

Foto: Xinhua

Abelardo de la Espriella asumió este 7 de agosto como nuevo presidente de Colombia para el periodo 2026-2030 en una ceremonia celebrada en Cali, lejos del escenario habitual de Bogotá y bajo un operativo de seguridad de 11.000 militares. La jornada reunió a mandatarios, delegaciones extranjeras y figuras políticas, pero también expuso desde el primer día las tensiones que acompañarán al nuevo gobierno.

 

El abogado de 48 años llega al poder después de una elección definida por un margen inferior al 1% y en medio del desconocimiento del resultado por parte del presidente saliente, Gustavo Petro. El mandatario no acudió a la ceremonia y abandonó la Casa de Nariño junto con familiares y colaboradores. "Espero que nos recuerden. Hasta siempre, libertad y vida", dijo Petro en su despedida.

 

A la investidura asistieron una decena de jefes de Estado y delegaciones internacionales. Entre los invitados figuran Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), José Antonio Kast (Chile), Laura Fernández (Costa Rica), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), Nasry Asfura (Honduras), José Raúl Mulino (Panamá) y Luis Abinader (República Dominicana), además del rey Felipe VI de España. Estados Unidos envió una delegación de alto nivel y también hubo representantes de Israel. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, estuvo también entre los asistentes.

 

Cali desplaza a Bogotá del centro de la ceremonia

 

La elección de Cali para la toma de posesión rompió con la tradición de celebrar la investidura presidencial en Bogotá y dio una primera muestra del esquema territorial que De la Espriella ha anunciado para su gobierno.

 

El presidente ha planteado utilizar sedes alternas de la Presidencia en Barranquilla, Medellín y Cali. También anunció que, cuando trabaje desde Bogotá, lo hará desde el Palacio de San Carlos, actual sede de la Cancillería, y que la Casa de Nariño será convertida posteriormente en un museo abierto al público.

 

La propuesta ya provocó controversia en Barranquilla, donde una antigua casona ubicada en instalaciones militares fue adecuada para funcionar como sede alterna. Sectores opositores cuestionaron tanto su apariencia por sus similitudes con la Casa Blanca, como la decisión de trasladar allí parte de la actividad presidencial.

 

De la Espriella rechazó las críticas y sostuvo que las obras fueron financiadas con recursos propios y aportaciones de empresarios de la ciudad. "No estoy construyendo un nuevo palacio. Estoy edificando una nueva forma de gobernar a Colombia", afirmó.

 

Seguridad y mano dura desde el primer día

 

La ceremonia también estuvo marcada por las amenazas de violencia. Cali, golpeada recientemente por atentados guerrilleros, fue protegida con un sistema antidrones y un amplio despliegue militar. El gobierno saliente había advertido sobre posibles actos terroristas durante la investidura.

 

Ese escenario coincide con una de las principales promesas del nuevo presidente: abandonar los intentos de negociación impulsados durante la administración Petro y reforzar las operaciones militares contra grupos armados vinculados al narcotráfico.

 

"Vamos a recuperar la soberanía y a proteger a los ciudadanos de la delincuencia y el narcoterrorismo", afirmó De la Espriella días antes de asumir.

 

Entre sus propuestas figuran intensificar bombardeos contra campamentos guerrilleros y construir megacárceles. Sin embargo, su nueva administración no cuenta aún con los recursos. Renata Segura, de International Crisis Group, advirtió que las Fuerzas Militares llegan a esta nueva etapa con limitaciones de personal y equipamiento tecnológico, mientras que una ofensiva en territorios con presencia civil podría aumentar el riesgo de daños colaterales.

 

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