Reincidencia delictiva: el largo camino entre una detención y una condena

Reincidencia delictiva: el largo camino entre una detención y una condena

Foto: Pexels

El asalto ocurrido el pasado sábado en una unidad de la Ruta 27, volvió a poner bajo la lupa uno de los problemas más recurrentes del sistema de seguridad y justicia: delincuentes que acumulan detenciones, recuperan su libertad y posteriormente vuelven a las calles para cometer nuevos delitos.

 

Aquella tarde, dos sujetos armados abordaron la unidad 34 en inmediaciones de la colonia Anexo La Loma, se hicieron pasar por pasajeros y, una vez dentro, amagaron al conductor y a los usuarios para despojarlos de sus pertenencias, ante la resistencia de algunas víctimas, uno de los agresores abrió fuego.

 

El ataque dejó tres personas heridas por arma de fuego, entre ellas una mujer de aproximadamente 45 años, quien resultó gravemente lesionada. Las cámaras de seguridad instaladas en el microbús captaron parte de la agresión y se convirtieron en uno de los elementos para identificar a los presuntos responsables.

 

Días después, las autoridades municipales informaron sobre la detención de José Lauro “N”, señalado como quien habría disparado durante el asalto, pero lo que llamó especialmente la atención fue su historial: antes de esta captura ya había sido detenido en nueve ocasiones por diversos hechos, entre ellos robo a transporte público, asaltos a transeúntes, delitos contra la salud en su modalidad de narcomenudeo y lesiones.

 

El dato refleja una realidad que no es exclusiva de Puebla, la policía puede detener reiteradamente a una persona, pero esa detención no significa automáticamente que permanecerá en prisión ni que terminará con una sentencia condenatoria.

 

 

 

La razón está, en buena medida, en las reglas del sistema penal acusatorio; desde su implementación, la presunción de inocencia y el debido proceso establecen que una persona detenida debe ser considerada inocente mientras no exista una sentencia que determine lo contrario.

 

Para mantenerla privada de la libertad durante el proceso deben existir elementos suficientes para vincularla a proceso y una medida cautelar de prisión preventiva, ya sea oficiosa cuando el delito encuadra en los supuestos establecidos por la Constitución, o justificada cuando el juez determina que existe riesgo de fuga, de obstaculización de la investigación o peligro para las víctimas.

 

El robo con violencia en transporte público no implica en todos los casos prisión preventiva oficiosa, por ello, la Fiscalía debe construir cada expediente con pruebas suficientes que permitan acreditar la existencia del delito y la probable responsabilidad del acusado.

 

Videos, testimonios, reconocimientos, peritajes, armas aseguradas y otros indicios pueden ser determinantes para evitar que un caso se debilite ante un juez.

 

Ahí aparece otro de los problemas, una detención policial no equivale a una investigación concluida, si las víctimas no denuncian, si existen inconsistencias en las declaraciones, fallas en la cadena de custodia, deficiencias en la integración de la carpeta o dificultades para acreditar plenamente la identidad del responsable, el proceso puede complicarse.

 

Además, la reincidencia por sí misma no permite condenar a una persona por un nuevo delito, cada hecho debe ser probado de manera independiente. Los antecedentes pueden tener relevancia para determinar una pena o valorar determinadas medidas cautelares, pero no sustituyen las pruebas necesarias para demostrar la responsabilidad en el nuevo caso.

 

El fenómeno también exhibe una contradicción que genera molestia entre las víctimas. Mientras las autoridades reportan numerosas detenciones, los presuntos delincuentes pueden regresar a las calles. Para la ciudadanía, el resultado termina siendo el mismo, una persona señalada repetidamente por delitos vuelve a estar en libertad y puede representar nuevamente un riesgo.

 

Para que un detenido termine en prisión por una condena se requiere mucho más que una captura, es necesario que exista una denuncia, una investigación sólida, una vinculación a proceso, una acusación sustentada y un juicio en el que la Fiscalía logre demostrar la responsabilidad más allá de toda duda razonable. Después vendrá la sentencia y, en su caso, el cumplimiento de la pena.

 

El expediente de José Lauro “N” será ahora puesto a prueba en esa etapa, la existencia de un video del asalto, los testimonios de las víctimas y demás elementos que logre reunir la Fiscalía General del Estado serán fundamentales para determinar si la décima detención finalmente se convierte en un proceso penal que concluya con una sentencia.

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