Mientras el Ayuntamiento de Puebla concentra parte de su atención en el proyecto inmobiliario y comercial de Grupo Carso en la zona de San Francisco, los barrios fundacionales de la ciudad enfrentan un deterioro acumulado que se refleja en inmuebles abandonados, calles deterioradas, falta de alumbrado, problemas de limpieza e inseguridad.
El gobernador Alejandro Armenta Mier puso el tema sobre la mesa al reclamar al alcalde José Chedraui Budib que antes de pensar en grandes proyectos inmobiliarios se atiendan las necesidades básicas de los barrios que dieron origen a la capital poblana.
Armenta cuestionó que haya zonas “muy descuidadas, sucias, sin alumbrado y con baches sobre baches”, al tiempo que el municipio analiza un proyecto de alrededor de 4,000 millones de pesos impulsado por Grupo Carso, propiedad de Carlos Slim, para “transformar” parte de la zona de San Francisco.
El proyecto contempla alrededor de 700 departamentos, corredores comerciales, estacionamientos subterráneos y usos mixtos en más de 45,000 metros cuadrados, lo que ha generado expectativas por la posible reactivación económica, pero también preocupación entre vecinos y especialistas por sus posibles efectos sobre el patrimonio, la vivienda y la identidad de la zona.
Los 14 barrios fundacionales reconocidos de Puebla, (Analco, El Alto, El Carmen, El Refugio, La Luz, Los Remedios, San Antonio, San Miguelito, San Pablo de los Frailes, San Sebastián, Santa Anita, Santiago, Xanenetla y Xonaca) concentran buena parte de la historia urbana de la ciudad.
Sin embargo, no todos enfrentan las mismas condiciones, estudios académicos han identificado como los barrios con mayor vulnerabilidad a El Refugio, San Antonio, Xanenetla, Santa Anita, El Alto, La Luz y San Pablo de los Frailes, principalmente por rezago social, deterioro urbano, carencias de infraestructura y problemas de integración comunitaria.
Entre los casos más preocupantes están La Luz y San Antonio, donde se ha documentado un importante deterioro del espacio urbano y de los inmuebles; en San Antonio, incluso, la vulnerabilidad urbana alcanza alrededor de 36 %, mientras que en La Luz cerca de 30 % del espacio presenta condiciones de deterioro o ruina.
A ello se suma el problema de las casonas históricas, dentro del Centro Histórico se han identificado cerca de 200 inmuebles con daños estructurales o algún nivel de riesgo, muchos de ellos abandonados, vandalizados o afectados por problemas de propiedad, sucesiones y falta de recursos para su rehabilitación.
El Alto, Analco y San Francisco también enfrentan una situación compleja, aunque poseen un enorme valor histórico y turístico, hay muchas calles con problemas de mantenimiento, inmuebles deteriorados, zonas con poca actividad y una percepción de inseguridad que se ha acumulado durante años.
El problema no es únicamente físico, el Centro Histórico ha perdido una parte importante de su población durante las últimas décadas, debido a factores como el cambio de viviendas hacia usos comerciales, el crecimiento de hoteles y alojamientos temporales, el encarecimiento de la zona y el desplazamiento de habitantes.
Esto genera una paradoja, mientras algunas áreas de los barrios son objeto de inversiones destinadas al turismo y al desarrollo inmobiliario, otras enfrentan dificultades para conservar sus viviendas, calles y servicios básicos.
El gobierno estatal ha anunciado acciones para revertir parte de esta situación, durante 2026 se destinaron recursos a través del programa de Obra Comunitaria para intervenir los 14 barrios, con trabajos de guarniciones, banquetas, luminarias, pintura de fachadas y rehabilitación de espacios.
También se ha planteado un programa de mayor alcance para zonas como El Alto, Analco y La Luz, además de acciones para recuperar inmuebles abandonados y generar alternativas de vivienda.
El contraste con San Francisco es evidente, mientras los barrios requieren intervenciones cotidianas para recuperar calles, iluminación, limpieza, seguridad y vivienda, en la misma zona histórica se plantea una inversión privada multimillonaria que podría modificar de manera importante el entorno urbano.
Por ello, el debate planteado por Armenta no se limita al proyecto de Grupo Carso; el fondo de la discusión es qué tipo de Centro Histórico quiere Puebla y para quién se está recuperando: si para los habitantes que todavía viven en sus barrios o principalmente para nuevos desarrollos comerciales, turísticos e inmobiliarios.
Puebla tiene en sus barrios fundacionales el origen de su identidad, el deterioro de esos espacios representa una deuda histórica que difícilmente puede resolverse únicamente con grandes proyectos inmobiliarios, que más parecen pingües negocios.