El avance de los pagos digitales en México enfrenta un nuevo desafío que va más allá de sustituir billetes y monedas por transferencias electrónicas. La privacidad financiera, la confianza en las instituciones y las condiciones de acceso a la tecnología influyen en la decisión de utilizar efectivo, incluso cuando existen alternativas digitales.
Durante un seminario sobre la iniciativa de Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, realizado en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Lorena Rodríguez León, directora de la Facultad de Economía, planteó que la transición hacia estos mecanismos debe considerar los hábitos y las necesidades de la población.
La académica explicó que el efectivo no representa únicamente una forma de pago asociada con la falta de modernización. Su utilización también responde a preferencias individuales, experiencias colectivas y necesidades de seguridad económica.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, citada durante el encuentro por Mauricio Padrón Innamorato, secretario académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas, el 85% de la población de entre 18 y 70 años utiliza efectivo en compras menores a 500 pesos.
Este dato muestra la presencia del dinero físico en las operaciones cotidianas, mientras la legislación discutida busca ampliar la utilización de medios electrónicos para pagar bienes, servicios y trámites.
Efectivo y privacidad
Para explicar por qué los pagos digitales no desplazan necesariamente al efectivo, Rodríguez León presentó el caso de Alemania, una economía desarrollada donde los billetes y las monedas mantienen relevancia. Distintas investigaciones han identificado la privacidad como uno de los motivos por los cuales parte de la población alemana prefiere utilizar dinero físico. La posibilidad de realizar operaciones sin que bancos u otros actores conozcan cada movimiento financiero forma parte de esas preferencias.
Rodíguez León señaló que, de acuerdo con una encuesta del Banco Central Europeo, el 69% de los alemanes consideraba importante o muy importante el dinero en efectivo, particularmente entre personas mayores y sectores de menores ingresos y escolaridad.
También mencionó que el efectivo puede resultar útil ante fallas de infraestructura tecnológica, interrupciones eléctricas, ataques informáticos o desastres naturales.
Estos elementos permiten distinguir entre dos situaciones: quienes prefieren pagar en efectivo por motivos de privacidad o autonomía y quienes recurren a él porque no cuentan con alternativas digitales accesibles. La directora de la Facultad de Economía sostuvo que la transición hacia los pagos electrónicos no es exclusivamente tecnológica, pues también modifica prácticas cotidianas y relaciones de confianza.
Complejidades de la digitalización
En México, la adopción de medios electrónicos enfrenta obstáculos relacionados con la conectividad, las comisiones, los trámites y la disponibilidad de servicios financieros.
Durante la inauguración del seminario, Padrón Innamorato advirtió sobre la necesidad de analizar si la iniciativa legislativa podría reproducir desigualdades estructurales, tanto económicas como tecnológicas.
Según el académico, la desconfianza hacia las instituciones públicas y bancarias influye en la utilización de mecanismos financieros. Desde esa perspectiva, ampliar los medios de pago no garantiza por sí mismo que todas las personas estén en condiciones de adoptarlos.
Por su parte, Rodríguez León explicó que la incorporación de pequeñas unidades económicas al sistema financiero implica superar obstáculos concretos. Entre ellos mencionó las comisiones, la falta de sucursales, los requisitos administrativos y la escasa familiaridad con las herramientas digitales.
No obstante, la académica también identificó beneficios potenciales de utilizar estos mecanismos. Contar con registros de ingresos puede facilitar el acceso a créditos, seguros y otras opciones de financiamiento que requieren información sobre las operaciones económicas de una persona o negocio.
Ampliación de pagos electrónicos
La iniciativa de Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos contempla obligaciones para autoridades, proveedores de bienes y servicios y entidades financieras, con el propósito de ampliar las posibilidades de realizar pagos por medios digitales.
Rodríguez León destacó que uno de sus puntos centrales consiste en facultar a la Secretaría de Hacienda para determinar sectores y actividades donde los medios digitales podrían convertirse en la única modalidad de pago.
Se presupone que la legislación se relaciona con los esfuerzos para reducir la informalidad económica mediante una mayor trazabilidad de las operaciones. Sin embargo, la académica expuso que el uso de efectivo responde a circunstancias más amplias que la ausencia de registros financieros.
Como ejemplo de adaptación, relató una experiencia en un mercado de Oaxaca, donde una comerciante disponía de una terminal para aceptar pagos electrónicos. La posibilidad de utilizarla estaba vinculada con la conectividad disponible en el propio mercado.
Para Rodríguez León, el dinero físico puede representar autonomía y seguridad para algunas personas, mientras que para otras constituye una necesidad ante la falta de acceso a servicios digitales. De manera que el desafío de ampliar los pagos electrónicos en México va mucho más allá de las plataformas tecnológicas. También es confianza institucional, las preferencias de privacidad y las diferencias de acceso que condicionan las decisiones de pago.